Llámalo romanticismo

Si las paredes del pabellón La Casilla pudieran hablar, quién sabe las historias que podrían contarnos sobre los sueños de toda la gente que íbamos a ver jugar allí al Caja Bilbao. Este emblemático establecimiento dejó de albergar los partidos de baloncesto del equipo Bilbao Basket (sustituto del extinto Caja, como así lo llamábamos los más fieles) en Mayo del 2009. A partir de Octubre 2009 los partidos del Bizkaia Bilbao Basket pasaron a jugarse al BEC y en Septiembre del 2010 lo harán en el Palacio Miribilla (Miribilla: el barrio nuevo de Bilbao donde todo el mundo quería vivir pero que se encuentra allejado de todo). Hoy en día, La Casilla es un polideportivo de barrio, un borroso recuerdo de lo que un día fue un trozo de historia de Bilbao y de Vizcaya.

El Pabellón de la Casilla se inauguró en 1967 con motivo de la celebración de un Campeonato de Europa de Hockey Patines, contando en sus primeros años con un aforo de 3.000 espectadores. Su nombre lo toma de la plaza en la que se ubica y su uso a lo largo de los años ha sido muy variado: en verano se utilizaba para dar conciertos o congresos con los que se financiaba el resto del año la instalación.

El baloncesto en Bilbao nunca lo tuvo fácil ya que tenía la competencia del Athletic casi en el mismo barrio. De hecho los partidos del Caja se programaban en función del partido del Athletic, para que no coincidieran en el tiempo porque el baloncesto siempre salía perdiendo. Sin embargo, a veces, por razones de fuerza mayor, los partidos de futbol y basket coincidían. Recuerdo una vez que durante la disputa en un partido contra el CAI de Zaragoza, cuando el juego estaba parado por tiempo muerto, por megafonía se anunció la victoria del Athletic y aquello se celebró con una gran algarabía en la Casilla, poco importó que el CAI nos estuviera machacando en el marcador. El resultado era lo de menos en La Casilla. La gente no venia solo a animar al Caja, las razones eran otras,  y estas obedecían a la necesidad de socializarse, a alejarse un poco de la rutina diaria.

Se organizaban todo tipo de acontecimientos: podías ver una tarde a todo un joven Arvydas Sabonis con el equipo Zalguiris Kaunas enfrentarse al Caja Bilbao, o también a los Harlem Globetrotters machacar a un perdedor equipo vestido de verde al que compadecías, o el espectáculo Holiday on Ice, o un concierto absurdo de Los Inhumanos y al dia siguiente, una velada de boxeo del legendario boxeador uruguayo Alfredo Evangelista; el mismo que terminara de pie después de 15 asaltos contra Muhammad Alí en una pelea por el título mundial en 1977…

Los partidos del Caja Bilbao, ver jugar a Joe Kopicki, JJ Davalillo, Darrel Lockhart “el bombardero negro” o Roman Carbajo constituye lo esencial de mis mejores recuerdos de infancia.  La Casilla nos juntaba a los bilbaínos donde se escribieron las mejores páginas de baloncesto.

Tengo dos recuerdos imborrables de la Casilla. Ramón Martikorena (el hermano de Jose Mari Martikorena de Plencia), que trabajaba allí y que me colaba día sí y día también. Y por último, el recuerdo de Javi Salgado, un chico al que ví jugar cuando apenas tenía 10 años en las canchas de minibasket de Askartza, y que ya me parecía superior a cualquiera, y que el año que viene se va a ir del Bilbao Basket para fichar por el Lagun Aro de Donosti. El sueño se acaba…

Aquí os dejo un enlace a un blog de no se quien pero del que soy fan:

http://cronicadeportivasentimental.blogspot.com/2010/01/javi-salgado.html

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2 pensamientos en “Llámalo romanticismo

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