De Style Wars a Banksy

Hace dos semanas estuve en los Golem en el preestreno de Exit through the gift shop (literalmente, salgan por la tienda de regalos, haciendo referencia a la frecuente intención mercantilista de los museos), el primer documental de Banksy, gurú del street-art (o grafiti callejero). Banksy es al grafiti lo que Andy Warhol es al arte contemporáneo.

Me impresionó lo bien que está hecha la película, esta entra sin sentir, como diría mi amigo Txoni. Es la historia de un tal Thierry Guetta, francés obsesionado por grabarlo todo que siguiendo los pasos de algunos grafiteros de Los Angeles y aplicando su savoir-faire, acaba él mismo convirtiéndose en una estrella artística, llegando incluso a diseñar la portada de un disco de Madonna. Cuente o no la verdad (se dijo en el NY Times que el tal Guetta no es más que un actor que sirve de pretexto al director para realizar una gran sátira del mundo del arte), Banksy hace una crítica pero sin disparar sobre nadie, sin señalar al enemigo, como incluyéndonos a todos en esta deriva del postmodernismo en la que acaso no seamos capaces ya de distinguir un bodrio de una obra de arte. Es esto lo que más me interesa y, a la vez, me inquieta de la película: ¿nos hemos quedado sin criterio?

La película de Banksy me recordó otra que ví, en compañía irrepetible, hace algunos meses: Style Wars (de Henry Chalfant y Tom Silver, 1984) un retrato de aquellos pioneros del grafiti de Nueva York de finales de los 70 y principios de los 80… Se trata de una auténtica revelación de la cultura hip hop (compuesta por el break dance, la música rap y el grafiti), que sin ser una sátira sobre la sociedad como la de Banksy, nos muestra el nacimiento de una cultura underground (miles de jóvenes empeñándose en continuar la guerra de estilos en el metro y en las calles de Nueva York) y está muy próximo a los documentales etnográficos de Jean Rouch sobre los comportamientos culturales.

De Style Wars hasta Exit…  son 25 años. Los grafiteros han pasado de las calles de Nueva York a los altares del arte contemporáneo. Esta evolución muestra muy bien los tiempos que nos han tocado vivir. Igual hasta Didi Hollywood (Bigas Luna, 2010) no es tan mala y todo.

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