Balada triste de trompeta

Fue en el 2004 cuando conocí a Alex de la Iglesia. Estrenaba como productor la obra de teatro Dos hombres sin destino en el Sozial Antzokia de Basauri, la historia de dos perdedores (interpretados por Enrique Martínez y Manuel Tallafé) que se quedan en casa viendo la vida pasar.

Acompañé a Asier Guerricaechebarria a verla y después de la función, cuando regresábamos a Bilbao, en la calle nos topamos con Alex. Asier nos presentó y no estuvieron hablando entre ellos más de 5 segundos cuando sonó el móvil de Asier, dejándome solo frente al autor de 800 balas, mi película favorita entonces y ahora.

Como Alex tenía mucha más experiencia que yo en momentos de silencio incómodo como aquel, me preguntó si nos habíamos reído viendo la obra, a lo que yo contesté sin pensarlo demasiado: “sí, mucho”. Para, a renglón seguido, añadir, sin pensarlo en absoluto: “…Pero la escena de la fiesta se me ha hecho un poco larga”. A lo que él respondió “sí, hay que acortar”.

Fue una conversación de unos 30 segundos que se me hizo eterna. Aún hoy, me sigo arrepintiendo de haberle dicho que la escena de la fiesta es demasiado larga… Y  todo para que 4 años más tarde, cuando estrené Zu zara nagusia en el Bilborock e iba saludando a la gente después de la proyección, les preguntaba a todos “¿Os habéis reído?” como aquella vez en Basauri. No sé, ya que fui tan descortés sobre la duración de la obra, podría haberme abstenido de robarle la frase.

Todo esto me ha venido a la cabeza cuando me he puesto a escribir sobre Balada triste de trompeta. De hecho, no quería escribir nada sobre esta película porque a veces pienso que si no vas a decir nada bueno de algo, mejor que no digas nada. Sin embargo, me parece que es uno de los temas de la película: sobre todo cuando todos los componentes de la troupe circense (por miedo) le hacen la pelota al payaso tonto interpretado por Antonio De la Torre, al que solo dicen lo que este quiere oír. Esto, junto a la escena de Carlos Areces deambulando con una pistola cuando escuchamos la deliciosa canción de Francis Carel la quiero a morir, o cuando el personaje interpretado por Santiago Segura le dice a su hijo: “Tranquilo, ya verás como en dos meses estamos comiendo cordero en Aranda de Duero”, es lo que más me ha gustado.

En cambio no puedo decir cosas buenas de la trama central: el triángulo amoroso formado por Carolina Bang, De La Torre y Areces. Me cuesta creer cómo en la secuencia posterior a que ella prevenga a Areces sobre la violencia de De la Torre, vayan juntos, aquellos dos, al parque de atracciones como si tal cosa. Tampoco entiendo la resolución de la secuencia en que Areces y Bang se esconden en el servicio de la roulotte, mientras De la Torre está buscándola fuera. No es que no entienda ese fundido en negro, es que creo que está muy mal resuelta la secuencia. O al final, cuando Areces lleva a Bang a su guarida de El Valle de los Caídos (por cierto, que me recuerda a la guarida de los malos de loca academia de policía), no se entiende que, de repente, sin venir a cuento, le diga éste a aquella: aquí es donde me esconden los de la troupe. Como espectador este tipo de cosas hacen que me salga de la película.

En definitiva, aunque Alex de la Iglesia muestre una vez más que es uno de los mejores realizadores en la actualidad (como por ejemplo, el magistral travelling que va desde una pelea callejera hasta el espectáculo de Carolina Bang en el interior de un teatro al son de Tengo el corazón contento de Marisol), en mi opinión, hay demasiados impedimentos en la narración que hacen que Balada triste de trompeta no esté a la misma altura que El día de la bestia o Crimen Ferpecto.

Y además, salvo en momentos muy puntuales, no me reí.

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2 pensamientos en “Balada triste de trompeta

  1. Me he topado con esto en la red…

    “Por mucho Quentin Tarantino que estuviera en el jurado, me resulta imposible comprender cómo en el último festival de Venecia “Balada triste de trompeta”, de Alex de la Iglesia, fue una de las triunfadoras claras en el reparto de premios. La película es al mismo tiempo pretenciosa y superficial, frenética y reiterativa. Narrativamente no tiene guía y avanza como desesperada, por encima de cualquier cosa, pero lo hace hacia ninguna parte, aunque se invente uno de esos finales que se pretenden redondos y llenos de sentido, cuando sólo es previsible y arbitrario. No, no me gustó casi nada en esta “Balada triste de trompeta” que parece filmada por una ametralladora de planos y montada por un bulímico del corte. Que está llena de inverosimilitudes para las que la excusa de la fábula se queda muy corta, y que se repite más que el ajo a lo largo de sus dos horas de metraje. Ni el trío protagonista, me gustó demasiado: Carlos Areces es un muy buen cómico, pero aquí se habría agradecido un registro algo menos ligero. Antonio de la Torre, como casi siempre, está pasadísimo. Y Carolina Bang es un desastre: actriz más que limitada, es incapaz de aportar fascinación o al menos tridimensionalidad a su personaje, y el falso soniquete de algunas de sus réplicas da lástima. El resto de los actores están normalitos. La excepción que confirma la regla habría que buscarla en una Terele Pávez que debe de aparecer en total durante dos minutos, pero a la que esto le sirvió para procurarme las únicas carcajadas de la función.

    Hay homenajes sonoros por un tubo, destacando los que se rinde a Marisol (adorable cuando cantaba “Tengo el corazón contento”) y a Raphael (absurdo e improbable sosias doblado con la voz real del cantante). También hay dos homenajes cinematográficos importantes, uno a “Los santos inocentes”, de Mario Camus (pues mira qué bien) y otro a “Vértigo” de Hitchcock (menos lobos, caperucita), cuyo tema musical, de Bernard Herrmann, es plagiado por el músico Roque Baños. Y otras referencias, como “El bosque del lobo” de Pedro Olea, y “La bella y la bestia”de Cocteau (¿o es “El Fantasma de la Ópera”?).

    Personalmente, no creo que Alex de la Iglesia sea un autor particularmente importante, aunque haya un par de entre sus películas que me parezcan aceptables. Opino que era mejor cuando su estilo parecía imitar a Stanley Kubrick o al propio Hitchcock, y no estaba poseído por la fiebre salvaje que convierte a “Balada triste de trompeta” en el confuso e inane torbellino que en última instancia es. Por fin, y para abundar en lo que ya es un tópico, me sumo también a la legión de quienes alaban los títulos de crédito de la película: el único momento en que el espectador tiene la inequívoca sensación de que le están contando algo. “

    • Aunque esté de acuerdo con su valoración sobre Balada triste… para mí Alex de la Iglesia es un cineasta importante, muy importante y no creo que haya imitado nunca ni a Kubrick ni a Hitchcock si no es que haya “imitado” la obsesión de estos grandes por hacer un producto lo más perfecto posible. Es más, la planificación y la realización de Balada triste… me parece magnífica, lástima que la historia no esté a la altura.

      En cuanto a los premios de Venecia (mejor guión y dirección), ahí no entro, un jurado es un jurado y la valoración ahí está.
      Hitchcock tampoco ganó ningún Oscar…

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