Juventud, ¿divino tesoro?

Ayer estuve en la librería Cámara donde se presentaba el libro Divino Tesoro. Casi un ensayo contra la juventud (Maia Ediciones, 2012) de Toni Garzón Abad. Toni (Bilbao, 1965) es un ensayista, escritor, guionista y director de cine, al que conozco de toda la vida de Plencia y al que me suelo cruzar muchas veces por Hurtado Amézaga, puesto que allí tiene su padre una tienda de trajes de hombre, Garzón, una sastrería típicamente bilbaina. En el escaparate hay un maniquí de Clark Gable luciendo un chaqué impecable, acaso un guiño del padre al oficio del hijo.

Toni ha escrito un casi ensayo sobre (o contra) la juventud. El autor ha percibido que existe una sobrevaloración de la juventud en nuestra sociedad de hoy en día y eso le ha hecho publicar este tratado.

Aún no lo lo he leído, pero parece que está entre lo antropológico y filosófico, con referencias también a la biología y al cine. Toni se preguntaba en la presentación por qué John Ford o Alfred Hitchcock hicieron sus mejores películas siendo sexagenarios y, por el contrario, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese no estén haciendo sus mejores trabajos ahora, sino cuando apenas contaban con 30 años. (Es verdad que las últimas películas de Coppola no estén a la altura de los Padrinos, pero en cuanto a Scorsese, estoy en desacuerdo con Toni).

También citó los ejemplos de dos películas: Rebelde sin Causa (Nicholas Ray, 1955) y Easy Rider (Dennis Hopper, 1967). En la primera, James Dean (en la foto de arriba, en una escena de la película junto a Natalie Wood) tiene un malestar porque quiere ser mayor, pero en cambio, en la segunda, ser joven y conducir una chopper como Peter Fonda, es la quinta esencia de lo guay.

La primera vez que participé en un corto tenía ya 27 años. Hasta hace poco pensaba que, el haber llegado tardíamente a este oficio, y no tener una gran experiencia podía ser un hándicapEso me hacía tener prisa por intentar recuperar el tiempo perdido, aquel tiempo en que tardé en encontrar mi vocación.

Pero las prisas nunca son buenas consejeras. Creo que, poco a poco, estoy asumiendo que lo mejor es ir a tu propio ritmo e intentar que no te afecten las siempre odiosas comparaciones. Además para hacer cine, o sea, para escribir, dirigir y producir, todas las experiencias son válidas.

Aunque es verdad que a veces no puedo evitar soltar un “‘¡qué cabrón!” si veo un corto que me ha gustado de alguien de 22 años, por ejemplo.

Lo que cuenta es no tomarse en serio al amigo cineasta Miguel Àngel Refoyo Refo cuando lamenta con sorna (que): “Quedan 90 días para el final del año y no he hecho nada con mi vida”.

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