Tener un buen timing en el mundo del cine

El pasado sábado día 18 de enero salió publicada una entrevista que me hicieron en la revista ON del Deia (y del grupo de noticias), a raíz de los estrenos de La Otxoa, sin complejos, sobre todo, y también de la preparación y búsqueda de financiación de la serie documental 160 metros.

Me preguntaron si era posible vivir de las ficciones y documentales de forma independiente, ya que parecía ésta, una profesión muy dura para salir adelante. Contesté que, a pesar de la crisis del sector del audiovisual y de la cultura, y de que muchas veces se diga que este es un oficio individualista, de francotiradores, yo siempre había tenido la suerte (o la virtud) de encontrarme con la gente idónea para cada proyecto con la que he ido colaborando a lo largo del tiempo.

http://static.deia.com/docs/2013/01/21/on190113.pdf
(La entrevista se encuentra entre las páginas 45 y 50 de este enlace).

A finales del 2008, regresaba a París después de haber terminado el documental Zu Zara Nagusia para ETB y Canal Odisea. La cosa pintaba bien. Había realizado mi primera incursión en el mundo del audiovisual y además contando una historia personal. Pensé que mi teléfono echaría humo con todos los productores, jefes de periódicos o cadenas de televisión, que me llamarían para ofrecerme trabajo. Pero no fue así. Volví a París, y me enfrenté a la cruda realidad de tener que empezar de cero otra vez, de buscar trabajo.

Lo primero que hice es tratar recuperar mi puesto de asistente de seguros en la compañía Coris Assistance, trabajo al que renuncié para poder hacer Zu Zara Nagusia. Para que nos entendamos, asistente de seguros es aquel debe estar colgado del teléfono ayudando a la gente que viaja al extranjero por si tiene algún problema médico o con su coche. Esta era la parte más interesante del trabajo; luego estaban las llamadas ininterrumpidas del call-center; recogíamos incidencias y servicio post-venta de compañías de teléfono, seguros médicos o de seguros de coche. La gente que llamaba para quejarse del servicio estaba bastante mosqueada, y además nosotros no podíamos solucionar nada, ya que solo podíamos filtrar las llamadas.

Quien haya trabajado más de 3 meses de asistente o en un call-center, sabe perfectamente que cuanta más experiencia tengas, menos coges el teléfono y con más parsimonia ayudas a la gente que está al otro lado de la línea. Un poco como pasa en la hostelería cuando en un bar le haces señas a un camarero para que te atienda y este, remolón, hace como que no te ha visto porque sabe que la noche es larga…

En fin, a pesar de todo, como me había llevado muy bien con el director, Monsieur Alos, este me ofreció el mismo sueldo que tenía cuando dejé mi puesto. Aunque se trataba de un trato justo, yo sabía que a los compañeros con los que empecé a trabajar durante la temporada de verano del año anterior les habían subido el sueldo hasta dos veces (durante el tiempo en el yo me encontraba en Bilbao) e iban a cobrar 2000 euros más al año que yo por el mismo trabajo. Aquello me parecía injusto, y dije que me lo pensaría.

Una semana después, no había encontrado nada más y cuando estaba a punto de llamar a Alos para agachar las orejas y aceptar el trato, me llegó un email.

Se trataba de Jose María Riba, al que había conocido gracias a la coordinadora de la Femis, Christine Gazarian y de Mima Fleurent, en cuya plataforma, Colifilms Diffusion, había realizado unas prácticas de distribución.

Jose María (en la foto de abajo presentando Zu Zara Nagusia junto a Jose Antonio Nielfa La Otxoa y un servidor, durante el Festival Différent ! de París del que él es director), me llamaba entonces para decirme que había dado mi número de teléfono a la realizadora franco-brasileña Alice de Andrade y que estaba buscando a alguien que llevara la producción de un documental suyo sobre Cuba.

Este proyecto, Memoria Cubana, fue muy pero que muy difícil de realizar pero me permitió conocer a Jean-Michel Rodrigo (a la postre, productor de La Otxoa, sin complejos), al equipo de Mecanos Productions, a la gente del ICAIC cubano y de la embajada cubana; y también pude aprender del trabajo de Alice con los archivos aquellos de los noticieros del ICAIC, una experiencia formidable… Pero yo no sabía todo esto cuando recibí el email de Jose María, tan solo tuve la corazonada de que iba a ir bien. Y así fue.

Dice el productor de El Padrino y de La semilla del diablo, Robert Evans, que la suerte es una mezcla de oportunidad y preparación. No puedo estar más de acuerdo. Y en mi caso, el talento quizá se encuentre en haberme topado con la persona adecuada en el momento adecuado… Un buen timing, en definitiva.

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