La política en los Goya

Se había especulado mucho sobre la gala de entrega de los premios GOYA 2013 por el recordado “No a la guerra” de hace 10 años. Hubo quien defendió que no se hablara de política, como el director Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro (2006), Primos (2011)), argumentando que el cine español todavía está pagando aquella reivindicación.

Entiendo las consignas de no politizar los discursos y comparto también las proclamas de que el cine es de todo el mundo y no “del de la ceja, ni de el del bigote”. ¿Pero, por otro lado, acaso se han depurado las responsabilidades políticas después de la decisión de apoyar la invasión a Irak con el pretexto (probado falso antes, durante y después de la guerra) de la existencia de armas de destrucción masiva?

En aquella edición de 2003, los artistas, los profesionales del cine, hicieron una protesta mayoritaria (no todos la secundaron) como ciudadanos en contra de aquel vergonzoso acto de barbarie en el que miles de personas murieron por la codicia de un George W. Bush que fue apoyado por los gobiernos de Aznar y de Blair. Por esto, que yo sepa, nadie fue juzgado culpable. Sin embargo, es la gente del cine quien tiene que seguir a día de hoy pidiendo perdón por haber mostrado su rechazo ante semejante salvajada.

Este año por lo tanto, quizá para curarse en salud, se pidió que solo se hablara de cine. Y parecía que así iba a ser, pero no lo fue al final. Igual es que es muy difícil hablar de cine (de arte, dicho de otro modo) esquivando las políticas culturales, que son la base del sistema de financiación y producción de la industria. De hecho, la primera que lo hizo, después de un comienzo titubeante, fue la presentadora Eva Hache con sus dardos envenenados dirigidos al ministro de cultura (“felicidades, señor Ministro, pero por su cumpleaños, por lo otro no”) o referentes a la amnistía fiscal.

Después llegó el turno del Presidente de la Academia, Enrique González-Macho, quien pronunció un discurso de cinco minutos (para mí) impecable. Comenzó pidiendo la supresión de la ley del IVA para los productos culturales del 21%, luego el establecimiento de medidas antipiratería y por fin reivindicando que el cine es de todos. Y qué decir del sobrecogedor discurso de Candela Peña, después de recibir el premio a la mejor interpretación femenina de reparto:

Dicho esto, hablando de las películas nominadas, me he visto las cuatro películas que competían al Goya a la mejor película y coincidido con la opinión general en que son una muestra de la diversidad y de la riqueza del cine que se hace aquí.

De las cuatro me quedo con El artista y la modelo de Fernando Trueba y guión de Jean-Claude Carrière en el que Jean Rochefort, un consagrado escultor que sabe que no le queda mucho tiempo (es inolvidable la réplica “todo cuenta, cada hora, cada minuto que pasa” de alguien que siente la muerte tan cercana) trata de transmitir su ideal en el arte y en la vida, a una (casi desconocida en el cine) Aida Folch, que compone una gran interpretación.

No he visto el documental producido por Javier Bardem, pero sí que he visto la inquietante y terrorífica A story for the Modlins (Goya al mejor corto documental) de Sergio Oksman (autor de la excelente Goodbye America, un retrato de los últimos días del actor que dio vida al Abuelo de la conocida serie de la familia Adams; quien delante de un espejo y en una sesión de maquillaje, repasa su vida y da su punto de vista del mundo), y me parece uno de los mejores documentales que he visto hace mucho tiempo.

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