Patrice Chéreau, maestro de cine y de teatro

Ayer lunes murió de un cáncer, a la edad de 68 años, el cineasta, director de teatro y de ópera francés, Patrice Chéreau. Dirigió películas como Intimacy (2001), La Reine Margot (1994, su mayor éxito de taquilla y de premios César, los Goya franceses) o Gabrielle (2006), Chéreau es una de las grandes figuras de la escena francesa y la muerte le llegó cuando preparaba la obra de Shakespeare As You Like It (Comme il vous plaira), que estaba programada para marzo del año que viene en el Teatro Odeón de París.

El año pasado recibió el Mikeldi de Honor del Festival Zinebi y fue un invitado de excepción en Bilbao (en la imagen de arriba durante la rueda de prensa que dio en el Arriaga). Desgraciadamente no pude ver su monólogo Le grand inquisiteur (El gran inquisidor) en el Arriaga porque estrenaba al mismo tiempo el documental La Otxoa, sin complejos en el Guggenheim, pero sí que vi Ceux qui m’aiment prendront le train (1998) con la que ganó el César a mejor director en 1999. Me pareció una película estupenda, una historia coral sobre los rencores y miserias de una familia compuesta por padres e hijos, primos y hermanos, pero también por amantes y amigos, en la que reinan las traiciones, las mentiras y los golpes bajos. Al igual que La Reine Margot, fue co-escrita por la guionista y directora Danielle Thompson.

Antes del Zinebi del año pasado, tuve la oportunidad de conocer a Patrice Chéreau en la escuela de cine La Fémis de París, en el 2006. Vino a presentar Gabrielle (Isabelle Huppert y Pascal Grégory), y antes habíamos visto Intimacy. Hasta entonces, no había visto ninguna de sus películas y de golpe me vi aquellas dos, en las que Chéreau demostraba un dominio incontestable de la puesta en escena y de la dirección de actores. Te puede gustar más o menos, pero el autor está siempre en su terreno, domina el lenguaje y su forma de expresarse. Tal y como nos contaba en la charla posterior en la sala Jean Renoiryo siempre pido a los productores que me pongan los medios, y que me dejen solo con los actores, que no se preocupen, que sé cómo hacerlo“… Recuerdo que dijo.

Más tarde, leyendo las memorias del conocido y oscarizado productor francés Claude Berri (Autoportrait), me enteré de las desavenencias de este con Chéreau por La Reine Margot: para el productor pudo haber sido un mayor éxito que el que fue; para el director en cambio había hecho demasiadas concesiones comerciales y no quedaría nunca enteramente satisfecho de la obra. En cualquier caso, este pasaje no les impidió respetarse mutuamente y la disputa no fue a mayores.

Y este es un ejemplo significativo que define bien la industria de cine francesa. Pueden tener diferencias, puede haber directores de izquierdas o de derechas, pero no están divididos ideológicamente; todos los gobiernos sean del color que sean apoyan al cine francés, la llamada excepción cultural francesa. Es decir, que pase lo que pase, la cultura (en este caso, el cine) no se toca. Porque saben de su importancia en la educación y de lo beneficioso que resulta para su imagen de país, porque saben que sin el cine, París no sería por ejemplo la ciudad más visitada del mundo.

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