Oteiza y el Centro Cultural de la Alhóndiga de Bilbao

oteiza

Hace ahora casi tres años, en los inicios de este blog, escribí un texto conjeturando sobre el Bilbao en el que viviríamos hoy en día de haber salido adelante el malogrado proyecto de la Alhóndiga de Bilbao, también conocido popularmente por El cubo de la Alhóndiga (en la foto de abajo, la maqueta del mismo), proyecto del que mi padre, Jose María Gorordo, entonces alcalde de la Villa (lo fue desde 1987 hasta 1990), fue su principal impulsor.

En 1988 presentó el Centro Cultural para la Villa de Bilbao en la Alhóndiga (CCAB), un proyecto que pretendía reutilizar los espacios de la antigua Alhóndiga y el solar del antiguo colegio Santiago Apóstol, para convertirlos en una “factoría de arte”, y cuyas pretensiones se posicionaban del lado de una “cultura participativa” frente a una “cultura espectáculo”. El entonces alcalde solicitó al escultor Jorge Oteiza su colaboración para el desarrollo de este proyecto, quien formó, junto a los arquitectos Juan Daniel Fullaondo y Fco. Javier Sáenz de Oiza, un equipo de colaboración entre el arte y la arquitectura que proyectaría el complejo edificio y su contenido.

alhondiga2

El proyecto no estuvo exento de polémica y quien quiera tener la versión de todo aquello de mi padre está su libro La política de otra manera (1993), en el que ahonda en las cuestiones políticas que hicieron, no solo que no fructificase el proyecto, sino que presentara su dimisión como alcalde de Bilbao en diciembre de 1990.

Por otro lado, en fechas recientes, Iskandar Rementería (en la foto de abajo), que además de músico e integrante del grupo de rock Split77 es también doctor en Bellas Artes por la UPV/EHU, presentó su tesis doctoral Proyecto no concluido para la Alhóndiga de Bilbao. La estética objetiva de Jorge Oteiza como método de investigación, cuyo propósito en palabras de su autor, “es recuperar el proyecto como mecanismo para reflexionar sobre el modelo de colaboración entre el arte y las instituciones que construyen nuestra ciudad, cuestionando el hecho de que el modelo desarrollado hasta ahora en Bilbao suponga el único posible, o si, por el contrario, existen otras alternativas cuya verdadera finalidad esté más orientada al ciudadano y no tanto al marketing de ciudades”.

El proyecto en el que colaboró Oteiza “marca un punto de inflexión en la historia reciente de la ciudad, porque coincide con un momento en el que está sumida en el final del proceso de desindustrialización, y se comienza a ver que la cultura, el arte, etc., pueden suponer un motor de reactivación económica”, según Rementería.

Además, paralelamente a esta investigación, Iskandar Rementería también realizó el audiovisual Oteiza y el Centro Cultural Alhóndiga. Proyecto estético para Bilbao que fue presentado en el festival Zinebi 50.

El proyecto consiguió concitar los intereses de otras instituciones públicas para centralizar en el CCAB; la Biblioteca Foral, el Conservatorio de Música y el Museo Vasco de Arte Contemporáneo (que finalmente llegaría como Museo Guggenheim). Es decir, la prueba evidente de que el Museo Guggenheim no surgió de la nada. Idea que también se desarrolla en el ensayo del antropólogo vasco Joseba Zulaika Crónica de una seducción: El Museo Guggenheim de Bilbao (1997).

Por Proyecto no concluido para la Alhóndiga de Bilbao. La estética objetiva de Jorge Oteiza como método de investigación (tesis que será publicada próximamente) Iskandar Rementeria obtuvo el doctorado cum laude en la facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU. Un trabajo que estudia y recorre los impulsos y porqués de Oteiza a la hora de trazar su proyecto, una “fábrica de arte”, como su visión pedagógica del mismo, en un intento de ver el arte como vía hacia una ciudadanía crítica y libre.

Preocupaciones estas, del escultor de Orio, que siguen teniendo vigencia hoy en día.

El Festival Zinegoak y La Otxoa

zinegoak-281x197

El Zinegoak, el festival internacional de cine y artes escénicas gay-lesbo-trans de Bilbao que se celebrará del próximo jueves 31 de enero al domingo 10 de febrero, cumplirá 10 años en esta edición. Parece ser que este festival de temática LGBT (siglas utilizadas para designar colectivamente a lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) se está consolidando como una de las principales manifestaciones sobre diversidad afectiva que hay en América Latina y en el Estado Español.

Conocía este festival como espectador hasta que tuve la oportunidad de participar como jurado del Premio al Mejor Guión de Largometraje de Ficción, otorgado por nuestra Asociación de Guionistas Vascos, en las ediciones del 2011 y 2012. En la primera, la última con el director Roberto Castón al frente (guionista y director de Ander), otorgamos el premio al guión de Merav Doster por el film israelí Einayim Petukoht (Ojos bien abiertos). El año pasado, la primera edición como director de Pau Guillén, concedimos el premio de mejor guión al inglés Andrew Haigh por su Weekend y una mención especial a la guionista inglesa Paula Milne por The Night Watch.

cartel la Otxoa, sin complejos

Este año 2013, dentro de la sección de Cine Documental, estará a competición La Otxoa, sin complejos. Habrá dos proyecciones, las dos en el Bilborock (Muelle de la Merced, 1); el sábado 2 de febrero a las 20:00 y el domingo 10 a las 18:00. Antes del viernes, a través de la página de facebook de La Otxoa, sin complejos iremos dando más detalles acerca de esto. Puede ser una buena ocasión para ver el documental en pantalla grande, para todo aquel que no pudiese verlo en el último Zinebi.

Además también está la fiesta de clausura, el sábado 9 de febrero, con el concierto del grupo canadiense The Hidden Cameras en la sala BBK.

Sobre la marca Bilbao

Álvaro Fierro, además de ser periodista musical, y de co-escribir y co-dirigir conmigo 160 metros, una historia del rock en Bizkaia,  también está detrás de un proyecto de lo más interesante: su tesis doctoral «Métodos Cuantitativos Para El Análisis De La Reputación Online: Las Ciudades Como Marca», que nos la explica en su tercera colaboración en Bilbao Me Mata:

¿Se puede estimar el tiempo que va a tardar la gente en cambiar la percepción de un lugar? ¿Existe el Cultural Heritage Change (CHC)? La marca Bilbao como ejemplo.

Por Álvaro Fierro, alvaro.fierro@brand-mathematics.com.

Hace aproximadamente cinco años, mientras realizaba mi tesina de máster, preludio de a su vez mi tesis doctoral «Métodos Cuantitativos Para El Análisis De La Reputación Online: Las Ciudades Como Marca», empecé a leer revisión bibliográfica sobre imagen de marca de ciudades, place branding, destination brand o city marketing. En casi todos los artículos, algunos fechados en los años setenta, el común denominador era que la marca o las percepciones que se tienen de un lugar (municipio, región, ciudad, país, nación, etc.) eran tratadas desde un punto de vista conceptual y, por supuesto, cualitativo. Las múltiples definiciones, siempre acuñadas por autores anglosajones, sintetizaban el comportamiento del turista -consumidor a la hora de elegir un destino vacacional basándose en analizar el imaginario colectivo desde una perspectiva sociológica y antropológica, soslayando la condición económica del topic. A partir de ahí, tanto mi directora de tesis doctoral Beatriz Plaza como el autor de este artículo, unidos al experto en ciencia cuantitativa y compañero en la empresa Sergio Sánchez Herrero, vimos que se podían plantear modelos econométricos para orientar numéricamente esta percepción: inocularle un carácter cuantitativo a algo tan subjetivo como son las opiniones y calcular predicciones sobre la marca Bilbao (o cualquier otra) a corto, medio y largo plazo.

Sabemos qué una marca existe cuando una cantidad suficientemente grande del target la percibe de la misma manera, y que esto depende de las asociaciones que automáticamente hagamos de dicha marca. Por eso, un producto made in Germany nos da más seguridad que un made in Bangladesh; por eso París es la ciudad del amor y Andalucia está indefectiblemente unido al flamenco. Pero, ¿qué pasaba con Bilbao antes de la instauración del museo Guggenheim? Mejor dicho, ¿qué sucede actualmente en lo que respecta al cambio de opinión que tiene el foráneo y el propio ciudadano? Ya no metemos Bilbao dentro del saco de adjetivos grises. La impresión generalizada ha variado. Y a mejor.

Hace quince años, ni los gestores de política económica más optimistas estimaban el efecto tractor que este flagship bulding iba a reportar a Vizcaya y el País Vasco en general. En octubre de 1997, con un economista a los mandos, pocos creyeron que el arte vanguardista iba a convertirse el eje económico de una ciudad post fordista, y menos que a partir de ahí, la fertilización cruzada de esta tracción llegara a darle una vuelta de 180 grados al llamado botxo. Un moderno tranvía surcando la ciudad de una punta a otra, el dinamismo de un lujoso Palacio de Artes y Congresos antaño un astillero o la proliferación institucional de industrias creativas son la materialización de este efecto colateral al rebufo de la pinacoteca. Así pues, utilizando lo que en ciencias cuantitativas se denominan variables proxys, analizamos la web 2.0 de cara a buscar una serie temporal de opiniones sobre los distintos ítems que conforman la marca Bilbao (Guggenheim, por supuesto, pero también Teatro Arriaga, Plaza de Toros, Casco Viejo, Gastronomía, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria o algunos con carácter negativo como Violencia) y estudiar así los cambios de tendencias estructurales que se han venido dando desde hace unos años a esta parte. Y es que vivimos no ya en el world of mouth, sino en el world of mouse. Entendemos que cuanto más “ruido” exista en la web sobre un elemento cualquiera, más importante es, tanto en lo bueno como en lo malo. O lo que es lo mismo, que haya mucha información web sobre Siria en estos momentos no quiere decir que esta sea positiva.

Por tanto, lo que se trata es de analizar día a día la neutralidad, negatividad o el deje positivo de los comentarios de la gente desde que desde que el e-tourism empezara a cobrar fuerza y los servicios de banda ancha crecieran en calidad de megas.

Las predicciones econométricas no daba lugar a dudas: a medio plazo, siempre sin tener en cuenta los shocks exógenos que puedan surgir y su previsión sea imposible de computar, a no ser que la astrología o el esoterismo sean consideradas ciencia, se puede concluir que el CHC de Bilbao es de tendencia positiva y creciente. Posteriormente, con técnicas estadísticas reducimos la multidimensionalidad de la muestra y llegamos a afirmar la fuerte y positiva correlación que existe entre noticias genéricas sobre Bilbao e incremento de turistas, o que un aumento de comentarios sobre el Athletic de Bilbao es más importante que las citas sobre el propio museo franquicia en pos de atraer más gente a la villa.

El CHC por tanto, permite baremar modelos matemáticos de simulación diferentes para, a la hora de plantear políticas públicas urbanas con objeto de polarizar gente, capital humano, crecer en exportaciones o gozar de mayores inversiones estimamdo el tiempo que la gente va a tardar en asociar una marca con lo que se está buscando. Lo que, obvia decir, no surge efecto de la noche a la mañana. Ni de un año para otro. Pero la apuesta va a ser más segura.

¡Qué razón tenía Barry!

El post número 100 de este blog, Bilbao Me Mata, está consagrado a la edición del documental “La Otxoa, vivir sin complejos“. Precisamente esta noche actúa Jose Antonio Nielfa La Otxoa, en las fiestas de Bilbao, pero no podré asistir ya que Marina Paugam y yo estamos a tope con la edición, en Ivry-sur-Seine, al sur de París, en donde los de Mecanos Productions tienen montado su estación de montaje, como ellos lo llaman. Lo estamos editando aquí porque se trata de una coproducción con Francia y porque también la película gana mucho al aportar la visión de alguien exterior que no tenga ningún apriori sobre la vida de La Otxoa… Como ya pasó con Zu zara nagusia, el que una persona proveniente de fuera de Bilbao, Bizkaia estuviera aportando su punto de vista creo que enriqueció la producción y le dio la oportunidad de salir fuera: de buscar un público más internacional.

La edición es el momento ese del proceso de producción en que la película nace. Eso es lo bonito. ¡Qué nacimiento no lo es! He leído un montón de gente decir esto muchas veces: la película se construye en la sala de edición. Y tienen razón, pero también es cierto que si no tienes ni buenas imágenes, ni buenas secuencias rodadas, estás listo. Y que va a ser difícil construir nada, a partir de nada. Como decía el maestro Barry Hampe, “there is no substitute for good footage”. No hay nada que remplace el buen material. No he visto ninguno de los documentales dirigidos por el maestro, pero me he leído su “Making Documentary Films and Videos” de Pe a Pa. Y debo decir, que en la realización de documentales, todo lo malo que él dice te puede pasar; si no pones atención suficiente, si no vigilas o si no tienes ni idea, te pasa.

En la edición no hay vuelta atrás,… la película se va convirtiendo en una especie de ente, en una cosa que cobra vida e incluso te habla y te dice cosas como: “mira qué suerte has tenido con esto”, “Mira qué mal planificaste aquello”,… A veces una de las secuencias que creías imprescindible para explicar tu propósito, no sirve. En esas ocasiones lo que tienes delante de ti en el timeline te dice: “esto no es de esta película”. Y te quedas pegado. Es absurdo, pero es como la vida misma. Editando un documental nunca sabes qué es lo que puede venir después.

Dicho esto, creo que “La Otxoa, vivir sin complejos“, está quedando muy bien (¡Qué puedo decir yo!), Espero que entretenga, que ilustre y que emocione. A nosotros nos está pasando un poco, pero no somos objetivos puesto que estamos todo el día encerrados en este salón que contiene la estación de montaje, aquí en Ivry. Hay que ir a preguntárselo al espectador cuando la película esté terminada. Espero que sea muy pronto y que guste.

El Mikrofilm Short Festival

mikrofilm

Cuando estábamos trabajando en la película La Conspiración de Pedro Olea (que se estrenó el pasado martes en el programa “La noche de…”)Xanti Salvador, jefe de sonido, aprovechando uno de los descansos del rodaje, me enseñó el cortometraje de Gotzon Aurrekoetxea: (d)efecto.

Habiendo leído el guión y ayudado en el casting, tenía mucha curiosidad de ver cómo quedó aquella primera película de Gotzon. Y teniendo en cuenta lo difícil que es rodar con niños y adolescentes, creo que el director se defendió bastante bien y quedó una película atmosférica, quizá un tanto extraña pero igualmente interesante. También me gustó mucho la fotografía en blanco y negro de Alex Arana y pensé en enviarle un email para decírselo, pero al final con la vorágine del rodaje se me olvidó hacerlo.

Al día siguiente, el 7 de julio, mi hermana Maite me llamó para decirme que Alex había muerto en accidente de moto cerca de Andrakas, en Maruri. Como no suelo creer en las coincidencias, me impactó mucho haber pensado en él justo un día antes. Como una señal o algo así.

Desde que tengo uso de razón hasta los 12-13 años mi mejor amigo fue Alex Arana, estábamos todo el día juntos. Después cada uno siguió su propio camino. Eso sí, siempre que nos cruzábamos, nos saludábamos sin excepción. Aprecio mucho esa amistad entre dos personas que, aunque en 20 años no se hayan dirigido la palabra (por la razón que sea), se guarda un cariño, un respeto mutuo.

Después de mucho tiempo sin coincidir, Álex y yo volvimos a hacerlo para el corto (d)efecto, y aunque al final no pudiera ayudarles más (puesto que me embarqué en la producción de Un mundo casi perfecto), me alegra mucho haber compartido aquel último momento con él.

Sin entrar en dramatismos y en recuerdo de Álex (creo que soy el único que le llamaba por su nombre en Plencia y Górliz, donde todo el mundo le conocía por el mote de Mikro), sus mejores amigos David González  y el propio Gotzon, y su primo-hermano Juantxu Etxebarria decidieron montar un festival de cortos sobre cine negro en Plencia. Con el fin de poder montarlo dignamente y recaudar fondos, David se puso en contacto con Gotzon Uribe del Kafe Antzokia y organizaron un concierto benéfico el pasado 28 de enero, en el que las bandas Cobra y Zea Mays dieron un gran recital que fue intercalado por performances en torno a la temática del género negro, incluída una actuación muy sensual a lo Jessica Rabbit.

El Mikrofilm Short Festival (que también incluye un concurso de fotografía en blanco y negro) tendrá lugar al aire libre, en la Plaza de la Iglesia de Plencia el próximo 6 y 7 de julio. En sesiones de noche, como en los viejos tiempos, cuando íbamos a ver películas de Bud Spencer

Artists Killed Media Stars

Organizado por la productora de arte Consonni, AlhóndigaBilbao presenta el seminario “Artists Killed Media Stars“, desde hoy 12 de enero hasta el 14 sábado. Su temática es de lo más estimulante: se abordarán las complejas y cambiantes relaciones entre la televisión, el cine, el vídeo y el arte. No sé si serán complejas estas relaciones, pero desde luego que sí son cambiantes y mucho, y más con la que está cayendo.

Lo más destacado de “Artists Killed Media Stars” es ElectroClass, una película dirigida por la artista María Ruido y producida también por Consonni, que toma el archivo de ETB como material de base. Se trata de una reflexión sobre la disolución del concepto de clase trabajadora tradicional y sobre la radical transformación de la ciudad de Bilbao en las tres últimas décadas. Tuvimos la oportunidad de ver parte de este trabajo en primicia en el pasado Zinebi, y se pudo apreciar que el proyecto ElectroClass tiene el poder de trasladarnos en el tiempo, gracias al poder magnético que tienen esas imágenes aéreas de los Altos Hornos o de los disturbios por el cierre de Euskalduna (como en la imagen de aquí abajo).

Durante el seminario, habrá conferencias y mesas redondas sobre el pasado y presente de la televisión y su relación con el arte, por parte de ponentes como la propia María Ruido, Martha Rosler, Jeanne Van Heeswijk, Fito Rodríguez, Ingrid Guardiola, Angel Quintana, Patrick Watkins, Félix Pérez-Hita o María Mur Dean.

Y por último, también habrá proyecciones. En la sala Bastida, se proyectará el largometraje documental La commune (de Paris, 1871) de Peter Watkins que será presentado por su hijo, Patrick. Watkins es un maestro del docu ficción o del docudrama como así lo llaman en el mundo anglosajón y un visionario sobre el impacto y la influencia de los mass media en nuestros días. Obras como Culloden (1964) y, sobre todo, Punishment Park (de 1971 y en la imagen de abajo, en la que una decena de hippies son enjuiciados y condenados a un campo de castigo… y de algo más) es de lo mejor del cine documental moderno.

Para quien no haya visto ninguno de los documentales de Watkins, La Commune puede resultarles un poco duro para ir abriendo boca. Rodada en estudio y en blanco y negro, se trata de más de 3 horas (originalmente, duraba 5 h y 45 minutos) del relato de la revuelta de los ciudadanos franceses y los acontecimientos que vinieron después. A modo de reportaje televisivo, un equipo de TV (sí, sí de televisión… ¡Y en 1871!) se sumerge en un grupo de revolucionarios del barrio obrero de Belleville, lugar donde se sitúa la génesis del movimiento comunista. Aunque puede hacerse demasiado largo, poder ver esta película hoy en día, tiene su aquel. Sobre todo, con la revuelta de los indignados latente aún en nuestras calles. Aquí está la declaración de Watkins a raíz de la nueva edición que se hizo de La Commune en el 2004.

Las inscripciones pueden hacerse a través de la web de Consonni (www.consonni.org) hasta completar aforo, y tienen un precio de 5 euros la tarde del jueves, 15 euros la jornada completa del viernes (incluida la comida con ponentes y asistentes), y 5 euros la sesión del sábado por la tarde. Asimismo, existe la posibilidad de adquirir el bono para todas las sesiones, con un coste de 20 euros.

Boston, Harvard y Will Hunting

Al parecer, tal y como aparece publicado en El PAIS de hoy, se está preparando el remake televisivo de la serie Cheers que será dirigido por Manuel Gómez Pereira y protagonizado por, entre otros, Antonio Resines y Alberto San Juan.

La serie original fue un éxito en todo el mundo y, tal como escribe la periodista Elsa Fernández-Santos, “(Cheers fue) un bar que se convirtió en un icono de la vida americana, de Boston (la capital de Massachussets) y de la buena sintonía”.

Puede que siga existiendo aún aquel Boston entrañable de Cheers, de su equipo de baseball legendario, los Red Sox, de su Fenway Park o del recuerdo nostálgico de aquel inolvidable pabellón, el Boston Garden, derribado en 1997, en el que un 20 de Abril de 1986, Michael Jordan metió 63 puntos y Larry Bird dijo aquello de: “Esta noche Dios se ha disfrazado de Michael Jordan”… Puede.

Pero lo que, sin duda sigue existiendo, en las antípodas del humanismo y la solidaridad que transmitía la serie de TV, tiene que ver con los designios actuales de la política económica de los Estados Unidos y con su cultura imperante. Basta con cruzar los 300 metros del puente que separa Boston de Cambridge para darse cuenta: aquí se encuentra el campus de la Universidad de Harvard (donde estudió gente buena como John Fitzgerald Kennedy o Barack Obama pero también gente mala como los mandamases actuales de Wall Street o un tal Mark Zuckerberg, fundador de facebook, que no sabemos muy bien si es bueno o si es malo), y el MIT (Massachussets Institute of Technology) por cuyas aulas y laboratorios han pasado más de 75 ganadores del Premio Nobel.

Hay una secuencia muy significativa de la película Good Will Hunting (Gus Van Sant, 1997) en la que el protagonista Will (Matt Damon), un obrero procedente de la zona más desfavorecida de Boston (el Southie) y que friega suelos en el MIT, defiende a su mejor amigo Chuckie (Ben Affleck) ante un pedante estudiante de historia de Harvard. Como podrán ver, el rifi-rafe termina con el pijo diciendo: “Sí, pero yo terminaré ganando un montón de pasta y tú servirás patatas fritas a mis hijos”:

Esta secuencia siempre me ha parecido un poco excesiva, demasiado artificial, un poco sacada de tiesto. Pero es que Boston, en particular, y Estados Unidos en general, son así; los valores predominantes del dinero y la posición social siguen vigentes hoy en día.

Casi 20 años después del final de Cheers y casi 15 desde Good Will Hunting, y la verdad es que no estamos mejor sino mucho peor.

Habrá que empezar a cambiar las cosas.

Bien, ¿por dónde empezamos?

Boston, Frederick Wiseman y Cheers

Tengo un primo lejano de Tampico, Mexico que ahora mismo está viviendo en Boston, Massachussets, de profesión Cirujano-Doctor y de nombre Antonio De Gorordo que me ha invitado a pasar unas semanas con él en la ciudad de los Celtics, los Patriots, los Red Sox y la de Frederick Wiseman, tal vez, el más importante documentalista vivo del mundo… o por lo menos de América, lo que equivale a decir que del mundo también.

Llegué a Boston con la idea de: a. descansar y b. pasármelo bien. No creo que se pueda pedir más a unas vacaciones. Aún así, en mi fuero interno, pensaba que podría hacer algún contacto del mundo del cine para una co-producción internacional o toparme con Wiseman (que nació aquí y estudió en Harvard aunque viva, hoy en día, en París) por Marlborough Street y que después de una corta conversación me invitara a participar en su próximo proyecto. Siempre piensas que alguien así te descubrirá algún día, que verá en tus ojos lo buen director o productor que podrías llegar a ser… Pero eso no suele pasar. Tampoco en América.

Mi amigo parisino Joachim Lepastier (en cuestiones cinéfilas, el Asier Guerricaechebarria francés) define como “365 jours ouvrables” (365 días laborables), la vida de aquellos que no podemos desconectar del trabajo ni un solo día de todos los que tiene el año.

En Boston, sin embargo, no se encuentra el epicentro del mundo del cine. Aunque se hayan rodado muchas buenas películas aquí últimamente (The Company Men de John Wells, The Town y Gone baby gone de Ben Affleck The Departed de Martin Scorsese), la industria está más centrada en New York y en Los Ángeles.

Puede que Boston no sea el epicentro del mundo del cine, vale,… pero está Cheers. El otro día estuve con mi primo Antonio en el bar en el que se inspiró la mítica serie. Cheers (brindis en inglés) es un bar al que un grupo de bostonianos van a contar sus penas, a reir y a olvidar sus problemas: Cheers es su segunda casa, su refugio. Al final, como dice la canción where everybody knows your name, todos los problemas son los mismos y todas las personas somos iguales.

Salvando las enormes distancias, en el documental Zu zara nagusia, en el que mostrábamos una cuadrilla de amigos que se desvivía cada domingo yendo a ver los partidos del equipo de sus amores, el Athletic, al bar Bikandi del Casco Viejo, había una clara influencia de Cheers.

No lo supe hasta que fui a Beacon Street y ví aquellos carteles de los Red Sox, de Larry Bird, de Babe Ruth… y recordando la serie, me bebí una cerveza Samuel Adams a la salud de Sam Malone, Diane Chambers, “Coach” Ernie Pattuso, Norm Peterson…

 

Juan Carlos Eguillor, el Bilbao de antaño

Ayer murió en Madrid Juan Carlos Eguillor, artista e ilustrador gráfico bilbaíno, a la edad de 63 años. He oído hablar bastante de él, sobre todo a gente tan dispar como Paúl Pérez de Palomar de la productora IDEM, La Otxoa, el guionista Jorge Guerricaechevarría o mi padre, pero no le he conocido nunca, ni soy un gran experto de su trabajo. A decir verdad, empecé a conocerlo a raíz de un malentendido con “Bilbao Me Mata” y el videoarte de “Bilbao la Muerte“. Aquel malentendido quedó finalmente aclarado y gracias a él, o por su culpa, tuve más conocimiento de la obra de Juan Carlos Eguillor.

A él le debemos también el cartel de aquella primera Aste Nagusia de 1978. Fíjense en el mismo, y compárenlo con cualquiera de los carteles de los últimos años de fiestas. Hay quien asegura que hoy en día Bilbao es una ciudad moderna, pero si comparamos el cartel de 1978 con el del año pasado, no sé, qué quieren que les diga, es una modernidad que a mí no me vale nada, no me dice nada en absoluto. En cambio el cartel de Eguillor, de hace más de 32 años, no envejece:

Decía Eguillor en alguna de sus últimas entrevistas que sentía nostalgia por el encanto sucio del Bilbao de antaño. La ría estaría muy sucia, habría mucha contaminación, no habría apenas parques ni zonas peatonales, pero la villa tenía más vida. Más de una vez he defendido en este blog, esa mirada melancólica hacia el Bilbao en el que crecí. La ensoñación que produce aquel Bilbao me atrae y me tiene bastante atrapado.

Sin embargo, por edad, aquella época me queda bastante lejos ya que entonces tan solo tenía 10 años y no pude, en absoluto, vivir aquella supuesta efervescencia artística, ciudadana y cultural de Bilbao que sí que vivió el propio Eguillor.

Para la gente de mi generación creo que lo mejor está por llegar, y que ahora estamos mejor que antes. Además, a partir de la construcción del Museo Guggenheim el número de turistas que nos visitan ha crecido exponencialmente y eso es de agradecer; porque ha traído riqueza y trabajo a nuestra tierra, y porque ahora cuando salimos fuera, cada vez más gente sabe dónde está Bilbao. Y eso, se mire por donde se mire, está bien.

PERO, eso sí, no puedo admitir que, cuando en fechas recientes se inauguró el Pachá Lounge Bilbao, el responsable de turismo de la diputación dijera que gracias al Pachá, Bilbao se convertiría en una ciudad más moderna… En fín, eso tampoco, ¿no creen?

Agradable espectáculo de tango

El espectáculo Tango en el café Tortoni, en el Teatro Campos Elíseos fue un buen plan para la noche del sábado pasado. Un plan que se sale un poco de la rutina de los fines de semana y es de agradecer que haya cosas así en la oferta musical bilbaina. Acudí acompañado por Asier Guerricaechebarria que aparte de ser guionista también es un gran aficionado a la música, en especial al jazz. Y doy fe de esta afición porque ya me ha tocado esperarle alguna vez cuando vivíamos en París. Asier entraba en una tienda de discos y salía una hora después. En ese tiempo yo le esperaba fuera o me iba a tomar un café, pero al contrario que hacía Luke Perry en Sensación de Vivir, sin leer a Henry Miller, ya que no soy de esos que salen a a la calle con un libro.

Por otro lado, también vinieron al Campos el bueno de Txus Barrio, que ha vivido siempre en la calle Euskalduna, y Ainhoa González. Conozco a Txus de toda la vida. Cogíamos el autobús del colegio en la plaza Zabalburu, a donde llegábamos a través de un oscuro subterráneo que comunicaba los lados de la plaza y que daba bastante miedito. De hecho, si iba solo, solía cruzar la plaza por los semáforos de Juan de Garai.

Del repertorio del espectáculo, compuesto, en su gran mayoría, por obras de Piazzola, me quedo con la  buena sintonía entre los dos pianistas Jorge García Herranz y Ángel Huidobro y su dinamismo al interpretar los clásicos del tango. Le sacaban todo el jugo al piano (daban palmadas sobre el tapete a modo de percusión o incluso alguna patadita) y se movían bastante, alejándose un poco de su formación clásica, como se puede ver en el vídeo. Hacia la mitad de la actuación se cambiaron de piano después de interpretar, creo que, Malena. En definitiva, dos buenos músicos.