¿Quién es Glen Hansard?

El próximo jueves día 14 de febrero en el Kafe Antzokia de Bilbao hay un evento mayor, de los de marcar con rojo en la agenda, la actuación del cantante y compositor dublinés Glen Hansard.

A quien Hansard no le diga nada, tal vez recuerde la película The Commitments (Alan Parker, 1991) en la que un grupo de dublineses del sector norte, la mayoría en paro o con curros de poca monta, deciden montar una banda (de nombre igual que el título de la película) y para eso recurren al gran Jimmy Rabbit, experto en música soul, que será su manager.

Hansard era el guitarrista de aquel grupo y uno de sus fundadores. En la secuencia de inicio Rabbit le pregunta cómo quieren llamar a la banda. “YYY”, responde Hansard. Es memorable la réplica del otro: “¿Y, Y, y otra jodida, Y?”. “Bueno habíamos pensado poner un signo de interrogación después de la segunda Y, ¿qué te parece?”.

El éxito de The Commitments fue más allá de las pantallas de cine y la banda (músicos que se interpretaban a sí mismos) estuvo al menos una vez de gira por Europa, en la que, según la leyenda porque no queda ni rastro en internet, actuó también en Bilbao, dando un concierto en la sala Mocedades (local que era propiedad del grupo de nombre ídem) de la calle Elcano.

En el 2007 se estrenó una de las películas más inspiradoras que he visto en mi vida, Once (John Carney). Si en el epílogo de la película de Alan Parker habíamos dejado a Hansard tocando para los turistas en las calles céntricas de Dublín; en Once, le volveremos a encontrar en el mismo lugar… Pero 16 años después. Aquí es donde conoce a Marketa Irglova una joven rumana vendedora de rosas.

Glen y Marketa comenzarán a cantar juntos y se enamorarán, en uno de los relatos más emocionantes sobre la revelación del amor que continuará fuera de la pantalla.

Es más, en el 2008, se alzarán con el Oscar a la Mejor Canción Original por Falling Slowly, compuesta por ellos mismos. Fíjense en la pequeña diferencia de matiz: si en The Commitments llegaron hasta la calle Elcano, con Once lo harán hasta Hollywood y ganando un Oscar además. Casi nada.

Este premio es el punto de partida del documental The Swell Season (Nick August-Perna, Chris Dapkins, Carlo Mirabella-Davis, 2011) en el que el grupo del mismo nombre comandado por Glen Hansard y Marketa Irglova da una gira por Estados Unidos. El documental es la crónica íntima del auge y la caída de su historia de amor. Caída, propiciada en gran parte por él, por su desvanecimiento emocional y autodestructivo, como si se cumpliera la profecía de la canción oscarizada: cayendo lentamente / delante de ojos conocidos / no puedo volver atrás.

El azar ha querido que sea un 14 de febrero, día de los enamorados, en el que actúe en Bilbao. No sabemos si interpretará Falling Slowly en el Kafe Antzokia, tal vez el recuerdo siga doliendo o, por el contrario, cantar al desamor lo salve. Lo que sí sabemos es que tendremos una gran oportunidad de ver en directo a quien ha comprobado, en sus propias carnes, cómo la vida imita al arte y viceversa.

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Antonioni y la incomunicación

Vemos llegar a Lidia (Jeanne Moreau) y a Giovanni (Marcello Mastroianni) a un hospital. Sin hablarse y sin cruzarse la mirada, entran en el ascensor; ella le hace una mueca de afecto pero él no responde. En el pasillo, se cruzan con una enferma (una loca) que les invita a pasar a su habitación. Ella la mira con compasión, él la ignora al principio pero luego la observa atentamente marcharse.

La pareja entra en la habitación del amigo. Es la primera vez que oímos a alguien hablar, pero su diálogo solo nos indica que Giovanni y el enfermo son escritores. De pronto Lidia se tiene que ir y el enfermo la besa y da grandes muestras de afecto por ella. Su marido no hace ni la más mínima mueca de celos y ella se da cuenta de esto; se disgusta y sale de la habitación.

Un momento después sale su marido y se topa en el pasillo con la enferma de antes, que le entra y consigue meterle en la habitación, a lo que Giovanni, muy excitado, no se opone. Ya dentro, él la besa; la tumba en la cama y comienza a desnudarla, en el momento en que entran dos enfermeras y empiezan a pegarle a la loca. Giovanni pone entonces cara de “quitadme de encima a esta loca” y abandona la habitación.

Por corte, Lidia está llorando en el exterior del hospital y cuando aparece su marido esconde sus lágrimas. Este, aún advirtiendo que su mujer ha llorado, va y le cuenta (y es la primera vez que se hablan en los más de 12 minutos que llevamos de película), con todo el morro del mundo, que ha pasado por un momento “desagradable” con la loca del pasillo y describe lo que le ha pasado omitiendo que se ha puesto muy cachondo. Lidia le pregunta que “¿qué tiene eso de desagradable?”, pero su marido no contesta. Al final de la secuencia del hospital sabemos que: A. Él ya no está enamorado de ella y B. Ella lo sabe y no sabe qué hacer para recuperarlo y 3. Él y ella se aburren. Y mucho.

Se trata del prólogo de La Noche (Michelangelo Antonioni, 1961). Después del mismo la película se desarrolla de la misma forma, con Lidia y Giovanni huyendo entre sí y persiguiéndose, incapaces ni el uno ni el otro de poner sus sentimientos encima de la mesa. Esta secuencia muestra bien lo que entiende el autor italiano por narración y puesta en escena; le bastan 4 pinceladas para describirnos la situación, dos o tres líneas de diálogo y el tema queda expuesto de forma magnífica: una pareja en crisis, incapaz de comunicarse, va poniendo parches al cansancio, aburrimiento y degeneración de su historia de amor.

La noche es la segunda entrega de la tetralogía que sobre la incomunicación y el amor conforman La Aventura (1960), El eclipse (1962) y El desierto rojo (1964). Estas cuatro obras maestras del cine europeo cuentan además con la interpretación de actores de la talla de Monica Vitti, Alain Delon, Paco Rabal o Richard Harris y hemos tenido oportunidad de verlas en el ciclo sobre el director italiano Antonioni de la Zinemateka de los cines GOLEM en la Alhóndiga de Bilbao.

Oteiza y el Centro Cultural de la Alhóndiga de Bilbao

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Hace ahora casi tres años, en los inicios de este blog, escribí un texto conjeturando sobre el Bilbao en el que viviríamos hoy en día de haber salido adelante el malogrado proyecto de la Alhóndiga de Bilbao, también conocido popularmente por El cubo de la Alhóndiga (en la foto de abajo, la maqueta del mismo), proyecto del que mi padre, Jose María Gorordo, entonces alcalde de la Villa (lo fue desde 1987 hasta 1990), fue su principal impulsor.

En 1988 presentó el Centro Cultural para la Villa de Bilbao en la Alhóndiga (CCAB), un proyecto que pretendía reutilizar los espacios de la antigua Alhóndiga y el solar del antiguo colegio Santiago Apóstol, para convertirlos en una “factoría de arte”, y cuyas pretensiones se posicionaban del lado de una “cultura participativa” frente a una “cultura espectáculo”. El entonces alcalde solicitó al escultor Jorge Oteiza su colaboración para el desarrollo de este proyecto, quien formó, junto a los arquitectos Juan Daniel Fullaondo y Fco. Javier Sáenz de Oiza, un equipo de colaboración entre el arte y la arquitectura que proyectaría el complejo edificio y su contenido.

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El proyecto no estuvo exento de polémica y quien quiera tener la versión de todo aquello de mi padre está su libro La política de otra manera (1993), en el que ahonda en las cuestiones políticas que hicieron, no solo que no fructificase el proyecto, sino que presentara su dimisión como alcalde de Bilbao en diciembre de 1990.

Por otro lado, en fechas recientes, Iskandar Rementería (en la foto de abajo), que además de músico e integrante del grupo de rock Split77 es también doctor en Bellas Artes por la UPV/EHU, presentó su tesis doctoral Proyecto no concluido para la Alhóndiga de Bilbao. La estética objetiva de Jorge Oteiza como método de investigación, cuyo propósito en palabras de su autor, “es recuperar el proyecto como mecanismo para reflexionar sobre el modelo de colaboración entre el arte y las instituciones que construyen nuestra ciudad, cuestionando el hecho de que el modelo desarrollado hasta ahora en Bilbao suponga el único posible, o si, por el contrario, existen otras alternativas cuya verdadera finalidad esté más orientada al ciudadano y no tanto al marketing de ciudades”.

El proyecto en el que colaboró Oteiza “marca un punto de inflexión en la historia reciente de la ciudad, porque coincide con un momento en el que está sumida en el final del proceso de desindustrialización, y se comienza a ver que la cultura, el arte, etc., pueden suponer un motor de reactivación económica”, según Rementería.

Además, paralelamente a esta investigación, Iskandar Rementería también realizó el audiovisual Oteiza y el Centro Cultural Alhóndiga. Proyecto estético para Bilbao que fue presentado en el festival Zinebi 50.

El proyecto consiguió concitar los intereses de otras instituciones públicas para centralizar en el CCAB; la Biblioteca Foral, el Conservatorio de Música y el Museo Vasco de Arte Contemporáneo (que finalmente llegaría como Museo Guggenheim). Es decir, la prueba evidente de que el Museo Guggenheim no surgió de la nada. Idea que también se desarrolla en el ensayo del antropólogo vasco Joseba Zulaika Crónica de una seducción: El Museo Guggenheim de Bilbao (1997).

Por Proyecto no concluido para la Alhóndiga de Bilbao. La estética objetiva de Jorge Oteiza como método de investigación (tesis que será publicada próximamente) Iskandar Rementeria obtuvo el doctorado cum laude en la facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU. Un trabajo que estudia y recorre los impulsos y porqués de Oteiza a la hora de trazar su proyecto, una “fábrica de arte”, como su visión pedagógica del mismo, en un intento de ver el arte como vía hacia una ciudadanía crítica y libre.

Preocupaciones estas, del escultor de Orio, que siguen teniendo vigencia hoy en día.

Sobre la marca Bilbao

Álvaro Fierro, además de ser periodista musical, y de co-escribir y co-dirigir conmigo 160 metros, una historia del rock en Bizkaia,  también está detrás de un proyecto de lo más interesante: su tesis doctoral «Métodos Cuantitativos Para El Análisis De La Reputación Online: Las Ciudades Como Marca», que nos la explica en su tercera colaboración en Bilbao Me Mata:

¿Se puede estimar el tiempo que va a tardar la gente en cambiar la percepción de un lugar? ¿Existe el Cultural Heritage Change (CHC)? La marca Bilbao como ejemplo.

Por Álvaro Fierro, alvaro.fierro@brand-mathematics.com.

Hace aproximadamente cinco años, mientras realizaba mi tesina de máster, preludio de a su vez mi tesis doctoral «Métodos Cuantitativos Para El Análisis De La Reputación Online: Las Ciudades Como Marca», empecé a leer revisión bibliográfica sobre imagen de marca de ciudades, place branding, destination brand o city marketing. En casi todos los artículos, algunos fechados en los años setenta, el común denominador era que la marca o las percepciones que se tienen de un lugar (municipio, región, ciudad, país, nación, etc.) eran tratadas desde un punto de vista conceptual y, por supuesto, cualitativo. Las múltiples definiciones, siempre acuñadas por autores anglosajones, sintetizaban el comportamiento del turista -consumidor a la hora de elegir un destino vacacional basándose en analizar el imaginario colectivo desde una perspectiva sociológica y antropológica, soslayando la condición económica del topic. A partir de ahí, tanto mi directora de tesis doctoral Beatriz Plaza como el autor de este artículo, unidos al experto en ciencia cuantitativa y compañero en la empresa Sergio Sánchez Herrero, vimos que se podían plantear modelos econométricos para orientar numéricamente esta percepción: inocularle un carácter cuantitativo a algo tan subjetivo como son las opiniones y calcular predicciones sobre la marca Bilbao (o cualquier otra) a corto, medio y largo plazo.

Sabemos qué una marca existe cuando una cantidad suficientemente grande del target la percibe de la misma manera, y que esto depende de las asociaciones que automáticamente hagamos de dicha marca. Por eso, un producto made in Germany nos da más seguridad que un made in Bangladesh; por eso París es la ciudad del amor y Andalucia está indefectiblemente unido al flamenco. Pero, ¿qué pasaba con Bilbao antes de la instauración del museo Guggenheim? Mejor dicho, ¿qué sucede actualmente en lo que respecta al cambio de opinión que tiene el foráneo y el propio ciudadano? Ya no metemos Bilbao dentro del saco de adjetivos grises. La impresión generalizada ha variado. Y a mejor.

Hace quince años, ni los gestores de política económica más optimistas estimaban el efecto tractor que este flagship bulding iba a reportar a Vizcaya y el País Vasco en general. En octubre de 1997, con un economista a los mandos, pocos creyeron que el arte vanguardista iba a convertirse el eje económico de una ciudad post fordista, y menos que a partir de ahí, la fertilización cruzada de esta tracción llegara a darle una vuelta de 180 grados al llamado botxo. Un moderno tranvía surcando la ciudad de una punta a otra, el dinamismo de un lujoso Palacio de Artes y Congresos antaño un astillero o la proliferación institucional de industrias creativas son la materialización de este efecto colateral al rebufo de la pinacoteca. Así pues, utilizando lo que en ciencias cuantitativas se denominan variables proxys, analizamos la web 2.0 de cara a buscar una serie temporal de opiniones sobre los distintos ítems que conforman la marca Bilbao (Guggenheim, por supuesto, pero también Teatro Arriaga, Plaza de Toros, Casco Viejo, Gastronomía, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria o algunos con carácter negativo como Violencia) y estudiar así los cambios de tendencias estructurales que se han venido dando desde hace unos años a esta parte. Y es que vivimos no ya en el world of mouth, sino en el world of mouse. Entendemos que cuanto más “ruido” exista en la web sobre un elemento cualquiera, más importante es, tanto en lo bueno como en lo malo. O lo que es lo mismo, que haya mucha información web sobre Siria en estos momentos no quiere decir que esta sea positiva.

Por tanto, lo que se trata es de analizar día a día la neutralidad, negatividad o el deje positivo de los comentarios de la gente desde que desde que el e-tourism empezara a cobrar fuerza y los servicios de banda ancha crecieran en calidad de megas.

Las predicciones econométricas no daba lugar a dudas: a medio plazo, siempre sin tener en cuenta los shocks exógenos que puedan surgir y su previsión sea imposible de computar, a no ser que la astrología o el esoterismo sean consideradas ciencia, se puede concluir que el CHC de Bilbao es de tendencia positiva y creciente. Posteriormente, con técnicas estadísticas reducimos la multidimensionalidad de la muestra y llegamos a afirmar la fuerte y positiva correlación que existe entre noticias genéricas sobre Bilbao e incremento de turistas, o que un aumento de comentarios sobre el Athletic de Bilbao es más importante que las citas sobre el propio museo franquicia en pos de atraer más gente a la villa.

El CHC por tanto, permite baremar modelos matemáticos de simulación diferentes para, a la hora de plantear políticas públicas urbanas con objeto de polarizar gente, capital humano, crecer en exportaciones o gozar de mayores inversiones estimamdo el tiempo que la gente va a tardar en asociar una marca con lo que se está buscando. Lo que, obvia decir, no surge efecto de la noche a la mañana. Ni de un año para otro. Pero la apuesta va a ser más segura.

Encuentro con Ignacio del Moral, guionista de Lope

Después de los encuentros con Javier Gullón y con Jean-Claude Carrière, celebraremos, el próximo martes 4 de diciembre, el III Encuentro de Guionistas del 2012 junto al guionista donostiarra Ignacio del Moral co-autor de, entre otras, Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002), La voz dormida (Benito Zambrano, 2011) o la simpática y exitosa película de animación Las aventuras de Tadeo Jones (Enrique Gato, 2012).

En colaboración con el cineclub Fas, vamos a presentar Lope (Andrucha Waddington, 2010), una cinta de época que narra las peripecias en el amor, en el arte y en la vida del poeta y dramaturgo Lope de Vega en el Madrid de finales del siglo XVI. Interpretada por, el actor en alza, Alberto Ammann (hoy mismo se estrena Invasor de Daniel Calparsoro, precisamente con guión del propio Javier Gullón, en la que Ammann tiene el papel principal) está también protagonizada por Leonor Watling, Pilar López de Ayala y Luis Tosar.

La proyección tendrá lugar en la sala El Carmen de la Plaza de Indautxu, este martes 4 de diciembre a las 19h45 y habrá un debate con Ignacio del Moral y Javier Echániz, presidente de la Asociación de Guionistas Vascos, después de la proyección.

Aquí les dejo unas fotos de los dos encuentros anteriores de este año:

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Arriba la tradicional foto ascensor con sobrecarga de guionistas. De izquierda a derecha, Joanes Urkixo, Miguel Suaña, Luis Eguiraun, Lourdes Bedia, Javier Gullón, Mikel Rueda, Eguzkiñe Aranzibia y Javier Echániz.

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De izquierda a derecha Asier Guerricaechebarria, Jean-Claude Carrière, Joanes Urkixo y el autor de este blog.

Diario de un festival: Jean-Claude Carrière

Este es el artículo que escribí para el catálogo del Zinebi sobre el guionista francés Jean-Claude Carrière (su último guión llevado al cine es El artista y la modelo de Fernando Trueba) que, de la mano de la Asociación de Guionistas Vascos y del propio Festival Zinebi, vendrá este martes 20 de noviembre a presentar a las 20:00 en el Museo Guggenheim la película Reencarnación (de Jonathan Glazer y con Nicole Kidman).

EL DISCRETO ENCANTO DE JEAN-CLAUDE CARRIÈRE

“Un guión es el camino que va de la oruga a la mariposa; un estado transitorio, una forma pasajera destinada a metamorfosearse y a desaparecer. Lo más normal es que al final de un rodaje tiremos el guión a la basura.” De esta forma tan honesta comienza Jean-Claude Carrière (Colombières-sur-Orb, Hérault, Francia) su libro Exercice du Scénario (La Fémis, 1990). Dramaturgo, historiador, novelista y guionista desde hace más de 60 años; escritor erudito y accesible a todo el mundo, Carrière ha firmado guiones para cineastas de la talla de Luis Buñuel, Pierre Étaix, Jacques Deray, Louis Malle, Jean-Luc Godard, Milos Forman, Peter Brook, Volker Schlöndorff, Andrzej Wajda, Wayne Wang  o Fernando Trueba.

Miembro de una modesta familia de agricultores, en su casa no había ni un solo libro, cuadro o fotografía; Carrière se mantendrá fiel a una divisa toda su vida: escribir y leer mucho. Siendo estudiante, debido a una enfermedad, escribe durante ocho meses su primera novela, que vería la luz años más tarde (1957) con el título de Lézard (Lagarto). Un día su editor le propone hacer una prueba para novelizar Las vacaciones del señor Hulot (Les Vacances de Monsieur Hulot) de Jacques Tati, lo que le supone entrar de lleno en el universo burlesco del gran cómico y en el del cine en general.

Durante el Festival de Cannes 1963, recién finalizada la escritura con Pierre Étaix de El pretendiente (Le Soupirant), Jean-Claude Carrière conoce a Luis Buñuel, que buscaba un joven guionista francés para su siguiente proyecto: Diario de una camarera (Journal d’une femme de chambre).

Su colaboración de más de 20 años da como resultado 9 guiones de largometraje de los que 6 fueron llevados a la gran pantalla y figuran entre las más altas cumbres del cine europeo: Bella de día (Belle de jour, 1967), La Vía Láctea (La Voie lactée, 1969), o El discreto encanto de la burguesía (Le Charme discret de la bourgeoisie, 1972), por ejemplo. Hay que destacar también otras colaboraciones con maestros como Volker Schlöndorff en El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, 1979) y El amor de Swann (Swann in Love, 1984); o Milos Forman en Valmont (1989) y Los fantasmas de Goya (Goya’s Ghosts, 2002). Obtiene asimismo un notable éxito de crítica y público con las adaptaciones de Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rappeneau, 1990) y La insoportable levedad del ser (The Unbearable Lightness of Being, Philip Kaufman, 1988).

Es responsable del guión, con tintes autobiográficos, de Reencarnación (Birth, Jonathan Glazer, 2004), la historia de un niño de 10 años que, por el más terrorífico de los misterios, parece acordarse de todo lo que un hombre (Sean) y su mujer (Anna) han vivido. “Si perdiera a mi mujer y al día siguiente un pájaro se posara en mi ventana, me mirara fijamente y dijera: ‘Sean, soy Anna, he vuelto’, yo le creería y viviría con él”.  Es la primera frase de la película, extrañamente poética y premonitoria, pronunciada por el personaje de Sean, al que nunca veremos después de su muerte en la majestuosa secuencia de inicio.

En el 2011, Carrière publica Para matar el recuerdo. Memorias españolas, un libro sobre la idiosincrasia de la sociedad española. Al contrario que en Francia, en donde se sitúa la razón y la claridad por encima de todo, en España predomina lo irracional, la oscuridad y el despropósito. Se trata de una relación distinta con la realidad y el mundo. El dispositivo narrativo utilizado por Carrière es el siguiente: muestra los clichés, los aísla y los analiza para ver qué es lo que se esconde detrás de ellos. Lo que hay en nosotros, en definitiva, de oscuro, profundo e inextricable.

Por último, en el documental Carrière, 250 metros (Juan Carlos Rulfo, 2011), una incursión en su vida a través de los siete países en los que ha vivido, escribe varias cartas a sus hijos sobre su experiencia en estos países, y su forma de ver el cine y la vida.

250 metros es la distancia que separa su casa de Colombières-sur-Orb del cementerio…

Diario de un festival: Pedro Olea

Desde que Joxean Fernández ocupa la dirección de la Euskadiko Filmategia-Filmoteca Vasca, se han organizado dos retrospectivas sobre cineastas como Álex de la Iglesia Ana Díez y ahora transcurre una entorno al tema de Cine y Guerra Civil en el País Vasco.

Se ha podido ver en los cine GOLEM de AlhóndigaBilbao, el Guernica de Alain Resnais o El otro árbol de Guernica de Pedro Lazaga. También van a proyectarse trabajos más recientes como la ópera prima de Julio Medem (Vacas, 1992), La buena nueva (Helena Taberna, 2008) o La Conspiración (Pedro Olea, 2012). Precisamente del cineasta bilbaino, Pedro Olea, tuvimos la ocasión de ver un cortometraje que realizó para la serie documental IKUSKA, una serie de cortos documentales de tema vasco dirigidos, entre otros, por Montxo Armendáriz, Antxon Ezeiza o Imanol Uribe a finales de los 70, principios de los 80.

El capitulo de Olea (de 1979), se centra en la memoria de algunos de los supervivientes del bombardeo de Gernika y empieza y termina con el testimonio del gudari Joseba Elosegi, que desmiente la versión de los nacionales de que los culpables del bombardeo fueran los rojos.

También se proyectará La Conspiración (el lunes 17 de diciembre a las 20:00), una tv-movie producida por IDEM4, ETB y TVE, que es la crónica de los días previos al Levantamiento Nacional, golpe militar dirigido por Emilio Mola desde Pamplona. Se trata también de otro desmentido de la historia, puesto que la creencia generalizada es que fue Franco fue quien conspiró para derrocar al Gobierno Republicano.

Dentro de la sección Miradas desde Euskadi del Festival Zinebi, Pedro Olea presentará en primicia los 25 primeros minutos de lo que será el montaje definitivo del documental Olaeta, una vida en danza, este sábado 17 de noviembre a las 20:00 en la sala BBK. Escrita por Alberto López-Echevarrieta, es la historia de Segundo de Olaeta, pionero de la danza moderna vasca, y de su familia, que elevaron la danza tradicional a la categoría de ballet, difundiéndola por todo el mundo.

Diario de un festival: El último hombre

Desde hoy, hasta el viernes 23 de noviembre, voy a tratar de escribir un post diario pues comienza el Festival Zinebi que, además de presentar un cartel y unos invitados de lo mejorcito de los últimos años (Carlos Saura, Pedro Olea, Jean-Claude Carrière o Patrice Chereau), también será la cita en la que por fin se estrene mi segundo documental como guionista y director, La Otxoa, sin complejos (el jueves 22 de noviembre a las 20:00 en el Museo Guggenheim) y asimismo se presentará en la sección informativa un cortometraje, El último hombre (de Alain Garibi), del que soy productor, este domingo 18 de noviembre a partir de las 22:30, en los Cines Golem de AlhóndigaBilbao.

Por lo tanto, por un lado, mucho evento y compromiso pero, por otro lado, muchas ganas también de vivir a tope y de disfrutar de estos 9 días que igual no se vuelven a repetir.

El último hombre es la historia de Frank, un hombre que lleva un tiempo encerrado en su morada. Aislado del mundo, ha construído una fortaleza a su alrededor que, hasta el momento, le ha permitido resguardarse de los peligros provinientes del glacial exterior. Se trata de una adaptación libre del cuento La Madriguera de Franz Kafka.

El corto, de muy bajo presupuesto, nace del ímpetu de gente como Mapi Plou (directora de arte), Félix Guede o Jaime Azpiazu (directores de fotografía) en crear pequeñas historias, sin tener que esperar las (cada vez menos frecuentes) subvenciones. Fue seleccionado en el pasado FANT2012 y formó parte también del mercado Shortlatino del Festival Alcine2012.

Además de ser una carta de presentación de Alain Garibi, que muestra sus credenciales como director de relatos insólitos, raros, pero que no dejan indiferente a nadie, El último hombre se centra en la interpretación (para mi, magistral) de Juan Viadas (en la foto de arriba).

El otro día Alain y yo fuimos a probar el DCP a los cines Golem. El DCP (Digital Cinema Package) es un formato de proyección que es el equivalente digital a la proyección analógica en 35 mm. Nos quedamos impresionados con la calidad de la imagen y también del sonido con la música original de Joseba Gardeazabal y el gran trabajo de mezcla de sonido, de Xanti Salvador.

La sesión (domingo 18 de noviembre a las 22:30) está compuesta por otros 5 cortos vascos. Ya he visto uno (la pieza experimental IIII de Zuriñe Goikoetxea e Ieltxu Armendáriz) y tengo ganas de descrubir, entre otros, Al otro lado, de Neftalí Vela, que obtuvo una mención del jurado en el pasado Festival PNR (Plataforma de Nuevos Realizadores) de Madrid.

Recuerdo una anécdota divertida del rodaje de El último hombre. Se estaba preparando Juan Viadas en la sala de Maquillaje y estaba ya metido en el papel de personaje, se notaba su gran trabajo en la composición de Frank. Al igual que él, Juan parecía que llevara mucho tiempo en una guarida porque nos decía (a Onintze Abando, a Idoia Aizpiri, de vestuario y maquillaje respectivamente, y a mí) cosas como “aprovechad el momento, vivid la vida plenamente porque después ya será tarde”, etc.

Pues eso, a partir de hoy a aprovechar el momento y a disfrutar de estos 9 días… Comme il faut !

(Exterior de la casa de Víctor Cabaco en la que rodamos El último hombre. De izquierda a derecha, Javier Arriaga (ayudante de dirección), Javier García O’Brien (ayudante de producción y de cámara), Mapi y Alain).

La Otxoa, sin complejos

Uno de los personajes de la película Shortbus (John Cameron Mitchell, 2006) decía algo así como “antes quería cambiar el mundo, ahora me conformo con salir con dignidad de esta habitación”. No es el único diálogo interesante de aquel film, que narra las vivencias entorno a la sexualidad de varios personajes neoyorquinos, pero se me quedó grabado en la mente y lo dejé reposar hasta que reapareció para cobrar todo su sentido, cuando mi amigo, el periodista de EL PAÍS, Iker Seisdedos, me sugirió que por-qué-no-hacer un documental sobre La Otxoa. Y así nació esta historia.

Más de 4 años después, estamos llegando al final de la producción de La Otxoa, sin complejos sobre la vida del artista y transformista bilbaino José Antonio Nielfa, La Otxoa. No voy a desvelar nada sobre la película pero estoy seguro que dará que hablar y mostrará a La Otxoa de una forma original y diferente, alejada de la imagen suya a la que estamos acostumbrados. La única pista sobre su contenido ya la he adelantado con la frase de Shortbus

Como mi primer documental, Zu zara nagusia (2008), también ha sido producido por IDEM 4. Esta vez se trata de una coproducción internacional con Francia (Mécanos Productions) y han entrado también, por parte de nuestro país vecino, el Ministerio de Cultura (el CNC), la TLT (Teletoulouse) y esperemos que pronto lo haga también la Procirep. Por nuestro lado,  ETB, TVE y el Gobierno Vasco. Una suerte y un privilegio con la que está cayendo. También una odisea pero con final feliz.

Hay fecha prevista para su estreno en Francia, en la cadena TLT el próximo 28 de septiembre. Y desde ahora hasta entonces, iré contando más cosas en el blog…

Un documental comprometido en los Cines

El pasado jueves 22 de marzo, la productora IDEM 4, en la que estoy trabajando actualmente, estrenó el largometraje documental Al final del túnel – Bakerantza del director Eterio Ortega.

Producido por Alberto Rojo y basado en una idea original de Elías Querejeta, Al final del túnel – Bakerantza es un largometraje documental sobre el final de la violencia de ETA, en un momento clave para el futuro. De la mano de varios personajes cuyas vidas han girado o giran aún en torno a las consecuencias del “conflicto vasco”, Eterio Ortega explora en las raíces del nacionalismo y presenta un conjunto de experiencias, sentimientos y actitudes que permiten vislumbrar el final del sufrimiento y la esperanza de paz, libertad y reconciliación.

Lo más impactante es escuchar al preso etarra Kepa Pikabea (en la imagen de arriba) condenado a 28 años de carcel, renegar de la lucha armada y lamentarse por haber antepuesto «la libertad de mi pueblo a la dignidad humana». Es la primera vez en este país que alguien confiesa delante de una cámara  que ha matado un hombre y que se arrepiente de ello.

Por otra parte, el testimonio de Cristina Sagarzazu, viuda del ertzaina Montxo Doral, asesinado por ETA en 1996, es emocionante cuando relata cómo se sintió el día después del asesinato de su marido y veía que la gente salía a la calle y hacía sus compras como si nada pasara.

Es el tercer largometraje del director sobre este tema, tras Asesinato en febrero (2001) y Perseguidos (2004), todos ellos fruto de su colaboración con Elías Querejeta.

Al final del túnel – Bakerantza se puede ver actualmente en los cines MULTIS de Bilbao, los TRUEBA de Donostia y los GURIDI de Vitoria.