Boston, Harvard y Will Hunting

Al parecer, tal y como aparece publicado en El PAIS de hoy, se está preparando el remake televisivo de la serie Cheers que será dirigido por Manuel Gómez Pereira y protagonizado por, entre otros, Antonio Resines y Alberto San Juan.

La serie original fue un éxito en todo el mundo y, tal como escribe la periodista Elsa Fernández-Santos, “(Cheers fue) un bar que se convirtió en un icono de la vida americana, de Boston (la capital de Massachussets) y de la buena sintonía”.

Puede que siga existiendo aún aquel Boston entrañable de Cheers, de su equipo de baseball legendario, los Red Sox, de su Fenway Park o del recuerdo nostálgico de aquel inolvidable pabellón, el Boston Garden, derribado en 1997, en el que un 20 de Abril de 1986, Michael Jordan metió 63 puntos y Larry Bird dijo aquello de: “Esta noche Dios se ha disfrazado de Michael Jordan”… Puede.

Pero lo que, sin duda sigue existiendo, en las antípodas del humanismo y la solidaridad que transmitía la serie de TV, tiene que ver con los designios actuales de la política económica de los Estados Unidos y con su cultura imperante. Basta con cruzar los 300 metros del puente que separa Boston de Cambridge para darse cuenta: aquí se encuentra el campus de la Universidad de Harvard (donde estudió gente buena como John Fitzgerald Kennedy o Barack Obama pero también gente mala como los mandamases actuales de Wall Street o un tal Mark Zuckerberg, fundador de facebook, que no sabemos muy bien si es bueno o si es malo), y el MIT (Massachussets Institute of Technology) por cuyas aulas y laboratorios han pasado más de 75 ganadores del Premio Nobel.

Hay una secuencia muy significativa de la película Good Will Hunting (Gus Van Sant, 1997) en la que el protagonista Will (Matt Damon), un obrero procedente de la zona más desfavorecida de Boston (el Southie) y que friega suelos en el MIT, defiende a su mejor amigo Chuckie (Ben Affleck) ante un pedante estudiante de historia de Harvard. Como podrán ver, el rifi-rafe termina con el pijo diciendo: “Sí, pero yo terminaré ganando un montón de pasta y tú servirás patatas fritas a mis hijos”:

Esta secuencia siempre me ha parecido un poco excesiva, demasiado artificial, un poco sacada de tiesto. Pero es que Boston, en particular, y Estados Unidos en general, son así; los valores predominantes del dinero y la posición social siguen vigentes hoy en día.

Casi 20 años después del final de Cheers y casi 15 desde Good Will Hunting, y la verdad es que no estamos mejor sino mucho peor.

Habrá que empezar a cambiar las cosas.

Bien, ¿por dónde empezamos?

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De Style Wars a Banksy

Hace dos semanas estuve en los Golem en el preestreno de Exit through the gift shop (literalmente, salgan por la tienda de regalos, haciendo referencia a la frecuente intención mercantilista de los museos), el primer documental de Banksy, gurú del street-art (o grafiti callejero). Banksy es al grafiti lo que Andy Warhol es al arte contemporáneo.

Me impresionó lo bien que está hecha la película, esta entra sin sentir, como diría mi amigo Txoni. Es la historia de un tal Thierry Guetta, francés obsesionado por grabarlo todo que siguiendo los pasos de algunos grafiteros de Los Angeles y aplicando su savoir-faire, acaba él mismo convirtiéndose en una estrella artística, llegando incluso a diseñar la portada de un disco de Madonna. Cuente o no la verdad (se dijo en el NY Times que el tal Guetta no es más que un actor que sirve de pretexto al director para realizar una gran sátira del mundo del arte), Banksy hace una crítica pero sin disparar sobre nadie, sin señalar al enemigo, como incluyéndonos a todos en esta deriva del postmodernismo en la que acaso no seamos capaces ya de distinguir un bodrio de una obra de arte. Es esto lo que más me interesa y, a la vez, me inquieta de la película: ¿nos hemos quedado sin criterio?

La película de Banksy me recordó otra que ví, en compañía irrepetible, hace algunos meses: Style Wars (de Henry Chalfant y Tom Silver, 1984) un retrato de aquellos pioneros del grafiti de Nueva York de finales de los 70 y principios de los 80… Se trata de una auténtica revelación de la cultura hip hop (compuesta por el break dance, la música rap y el grafiti), que sin ser una sátira sobre la sociedad como la de Banksy, nos muestra el nacimiento de una cultura underground (miles de jóvenes empeñándose en continuar la guerra de estilos en el metro y en las calles de Nueva York) y está muy próximo a los documentales etnográficos de Jean Rouch sobre los comportamientos culturales.

De Style Wars hasta Exit…  son 25 años. Los grafiteros han pasado de las calles de Nueva York a los altares del arte contemporáneo. Esta evolución muestra muy bien los tiempos que nos han tocado vivir. Igual hasta Didi Hollywood (Bigas Luna, 2010) no es tan mala y todo.

Llámalo romanticismo

Si las paredes del pabellón La Casilla pudieran hablar, quién sabe las historias que podrían contarnos sobre los sueños de toda la gente que íbamos a ver jugar allí al Caja Bilbao. Este emblemático establecimiento dejó de albergar los partidos de baloncesto del equipo Bilbao Basket (sustituto del extinto Caja, como así lo llamábamos los más fieles) en Mayo del 2009. A partir de Octubre 2009 los partidos del Bizkaia Bilbao Basket pasaron a jugarse al BEC y en Septiembre del 2010 lo harán en el Palacio Miribilla (Miribilla: el barrio nuevo de Bilbao donde todo el mundo quería vivir pero que se encuentra allejado de todo). Hoy en día, La Casilla es un polideportivo de barrio, un borroso recuerdo de lo que un día fue un trozo de historia de Bilbao y de Vizcaya.

El Pabellón de la Casilla se inauguró en 1967 con motivo de la celebración de un Campeonato de Europa de Hockey Patines, contando en sus primeros años con un aforo de 3.000 espectadores. Su nombre lo toma de la plaza en la que se ubica y su uso a lo largo de los años ha sido muy variado: en verano se utilizaba para dar conciertos o congresos con los que se financiaba el resto del año la instalación.

El baloncesto en Bilbao nunca lo tuvo fácil ya que tenía la competencia del Athletic casi en el mismo barrio. De hecho los partidos del Caja se programaban en función del partido del Athletic, para que no coincidieran en el tiempo porque el baloncesto siempre salía perdiendo. Sin embargo, a veces, por razones de fuerza mayor, los partidos de futbol y basket coincidían. Recuerdo una vez que durante la disputa en un partido contra el CAI de Zaragoza, cuando el juego estaba parado por tiempo muerto, por megafonía se anunció la victoria del Athletic y aquello se celebró con una gran algarabía en la Casilla, poco importó que el CAI nos estuviera machacando en el marcador. El resultado era lo de menos en La Casilla. La gente no venia solo a animar al Caja, las razones eran otras,  y estas obedecían a la necesidad de socializarse, a alejarse un poco de la rutina diaria.

Se organizaban todo tipo de acontecimientos: podías ver una tarde a todo un joven Arvydas Sabonis con el equipo Zalguiris Kaunas enfrentarse al Caja Bilbao, o también a los Harlem Globetrotters machacar a un perdedor equipo vestido de verde al que compadecías, o el espectáculo Holiday on Ice, o un concierto absurdo de Los Inhumanos y al dia siguiente, una velada de boxeo del legendario boxeador uruguayo Alfredo Evangelista; el mismo que terminara de pie después de 15 asaltos contra Muhammad Alí en una pelea por el título mundial en 1977…

Los partidos del Caja Bilbao, ver jugar a Joe Kopicki, JJ Davalillo, Darrel Lockhart “el bombardero negro” o Roman Carbajo constituye lo esencial de mis mejores recuerdos de infancia.  La Casilla nos juntaba a los bilbaínos donde se escribieron las mejores páginas de baloncesto.

Tengo dos recuerdos imborrables de la Casilla. Ramón Martikorena (el hermano de Jose Mari Martikorena de Plencia), que trabajaba allí y que me colaba día sí y día también. Y por último, el recuerdo de Javi Salgado, un chico al que ví jugar cuando apenas tenía 10 años en las canchas de minibasket de Askartza, y que ya me parecía superior a cualquiera, y que el año que viene se va a ir del Bilbao Basket para fichar por el Lagun Aro de Donosti. El sueño se acaba…

Aquí os dejo un enlace a un blog de no se quien pero del que soy fan:

http://cronicadeportivasentimental.blogspot.com/2010/01/javi-salgado.html