¿Quién es Glen Hansard?

El próximo jueves día 14 de febrero en el Kafe Antzokia de Bilbao hay un evento mayor, de los de marcar con rojo en la agenda, la actuación del cantante y compositor dublinés Glen Hansard.

A quien Hansard no le diga nada, tal vez recuerde la película The Commitments (Alan Parker, 1991) en la que un grupo de dublineses del sector norte, la mayoría en paro o con curros de poca monta, deciden montar una banda (de nombre igual que el título de la película) y para eso recurren al gran Jimmy Rabbit, experto en música soul, que será su manager.

Hansard era el guitarrista de aquel grupo y uno de sus fundadores. En la secuencia de inicio Rabbit le pregunta cómo quieren llamar a la banda. “YYY”, responde Hansard. Es memorable la réplica del otro: “¿Y, Y, y otra jodida, Y?”. “Bueno habíamos pensado poner un signo de interrogación después de la segunda Y, ¿qué te parece?”.

El éxito de The Commitments fue más allá de las pantallas de cine y la banda (músicos que se interpretaban a sí mismos) estuvo al menos una vez de gira por Europa, en la que, según la leyenda porque no queda ni rastro en internet, actuó también en Bilbao, dando un concierto en la sala Mocedades (local que era propiedad del grupo de nombre ídem) de la calle Elcano.

En el 2007 se estrenó una de las películas más inspiradoras que he visto en mi vida, Once (John Carney). Si en el epílogo de la película de Alan Parker habíamos dejado a Hansard tocando para los turistas en las calles céntricas de Dublín; en Once, le volveremos a encontrar en el mismo lugar… Pero 16 años después. Aquí es donde conoce a Marketa Irglova una joven rumana vendedora de rosas.

Glen y Marketa comenzarán a cantar juntos y se enamorarán, en uno de los relatos más emocionantes sobre la revelación del amor que continuará fuera de la pantalla.

Es más, en el 2008, se alzarán con el Oscar a la Mejor Canción Original por Falling Slowly, compuesta por ellos mismos. Fíjense en la pequeña diferencia de matiz: si en The Commitments llegaron hasta la calle Elcano, con Once lo harán hasta Hollywood y ganando un Oscar además. Casi nada.

Este premio es el punto de partida del documental The Swell Season (Nick August-Perna, Chris Dapkins, Carlo Mirabella-Davis, 2011) en el que el grupo del mismo nombre comandado por Glen Hansard y Marketa Irglova da una gira por Estados Unidos. El documental es la crónica íntima del auge y la caída de su historia de amor. Caída, propiciada en gran parte por él, por su desvanecimiento emocional y autodestructivo, como si se cumpliera la profecía de la canción oscarizada: cayendo lentamente / delante de ojos conocidos / no puedo volver atrás.

El azar ha querido que sea un 14 de febrero, día de los enamorados, en el que actúe en Bilbao. No sabemos si interpretará Falling Slowly en el Kafe Antzokia, tal vez el recuerdo siga doliendo o, por el contrario, cantar al desamor lo salve. Lo que sí sabemos es que tendremos una gran oportunidad de ver en directo a quien ha comprobado, en sus propias carnes, cómo la vida imita al arte y viceversa.

La Otxoa, sin complejos

Uno de los personajes de la película Shortbus (John Cameron Mitchell, 2006) decía algo así como “antes quería cambiar el mundo, ahora me conformo con salir con dignidad de esta habitación”. No es el único diálogo interesante de aquel film, que narra las vivencias entorno a la sexualidad de varios personajes neoyorquinos, pero se me quedó grabado en la mente y lo dejé reposar hasta que reapareció para cobrar todo su sentido, cuando mi amigo, el periodista de EL PAÍS, Iker Seisdedos, me sugirió que por-qué-no-hacer un documental sobre La Otxoa. Y así nació esta historia.

Más de 4 años después, estamos llegando al final de la producción de La Otxoa, sin complejos sobre la vida del artista y transformista bilbaino José Antonio Nielfa, La Otxoa. No voy a desvelar nada sobre la película pero estoy seguro que dará que hablar y mostrará a La Otxoa de una forma original y diferente, alejada de la imagen suya a la que estamos acostumbrados. La única pista sobre su contenido ya la he adelantado con la frase de Shortbus

Como mi primer documental, Zu zara nagusia (2008), también ha sido producido por IDEM 4. Esta vez se trata de una coproducción internacional con Francia (Mécanos Productions) y han entrado también, por parte de nuestro país vecino, el Ministerio de Cultura (el CNC), la TLT (Teletoulouse) y esperemos que pronto lo haga también la Procirep. Por nuestro lado,  ETB, TVE y el Gobierno Vasco. Una suerte y un privilegio con la que está cayendo. También una odisea pero con final feliz.

Hay fecha prevista para su estreno en Francia, en la cadena TLT el próximo 28 de septiembre. Y desde ahora hasta entonces, iré contando más cosas en el blog…

La vida es un cabaret

En los años en que era más joven y vulnerable, creía que si no había visto ciertas películas, leído ciertos libros o escuchado ciertos álbumes, era más tonto y menos guay que los demás. Más de una vez recuerdo haber dicho que había visto alguna película cuando era que no y si se hablaba de ella en mi presencia sonreía y asentía con la misma cara que cuando conoces a alguien que habla muy bajito (o al que tú no oyes nada porque estáis en el Marina de Iturribide) y finges que sabes de lo que te habla y te limitas a asentir y sonreír. En esos momentos, la palabra que mejor te define es: cretino.  Afortunadamente, ya no digo que he visto una película que no he visto. Y si lo digo, pues hago todo lo posible por reparar el error lo antes posible…

Ayer vi por fin Cabaret (Bob Fosse, 1972). En el Berlín de comienzos de  los años 30 del siglo pasado, apenas dos años antes de la llegada de los nazis al poder, Sally Bowles (Liza Minelli) es la vedette de un espectáculo de cabaret. Sally tiene grandes sueños; quiere llegar a ser una gran actriz. A su vida llega Brian (Michael York), joven inglés de sexualidad incierta, que quiere perfeccionar su alemán. Para poder vivir Brian da cursos de inglés a Natalia (una joven judía) y a Fritz, otro amigo de Sally. Los cuatro no pueden imaginarse lo que les viene encima. No saben (nadie sabe) la sorpresa que los nazis les tienen preparada. Y como muestra esta escena:

Lo que más retengo de Cabaret es su magnífica utilización de las actuaciones que explican la trama que van viviendo nuestros protagonistas (de ahí la divisa principal de la película: la vida es un cabaret). El ejemplar manejo de este recurso narrativo le da un ritmo, una cadencia magnífica a la historia : la edición es como una coreografía, todo está muy hilado, todo funciona de maravilla …

Ahora que soy más viejo y (sigo siendo) vulnerable, estoy elaborando una lista de otros clásicos que aún no he visto, voy a por ellos, a recuperar el tiempo perdido, a empaparme e impregnarme de lo que gente como Bob Fosse nos ha contado y lo ha hecho tan bien.