Sobre la marca Bilbao

Álvaro Fierro, además de ser periodista musical, y de co-escribir y co-dirigir conmigo 160 metros, una historia del rock en Bizkaia,  también está detrás de un proyecto de lo más interesante: su tesis doctoral «Métodos Cuantitativos Para El Análisis De La Reputación Online: Las Ciudades Como Marca», que nos la explica en su tercera colaboración en Bilbao Me Mata:

¿Se puede estimar el tiempo que va a tardar la gente en cambiar la percepción de un lugar? ¿Existe el Cultural Heritage Change (CHC)? La marca Bilbao como ejemplo.

Por Álvaro Fierro, alvaro.fierro@brand-mathematics.com.

Hace aproximadamente cinco años, mientras realizaba mi tesina de máster, preludio de a su vez mi tesis doctoral «Métodos Cuantitativos Para El Análisis De La Reputación Online: Las Ciudades Como Marca», empecé a leer revisión bibliográfica sobre imagen de marca de ciudades, place branding, destination brand o city marketing. En casi todos los artículos, algunos fechados en los años setenta, el común denominador era que la marca o las percepciones que se tienen de un lugar (municipio, región, ciudad, país, nación, etc.) eran tratadas desde un punto de vista conceptual y, por supuesto, cualitativo. Las múltiples definiciones, siempre acuñadas por autores anglosajones, sintetizaban el comportamiento del turista -consumidor a la hora de elegir un destino vacacional basándose en analizar el imaginario colectivo desde una perspectiva sociológica y antropológica, soslayando la condición económica del topic. A partir de ahí, tanto mi directora de tesis doctoral Beatriz Plaza como el autor de este artículo, unidos al experto en ciencia cuantitativa y compañero en la empresa Sergio Sánchez Herrero, vimos que se podían plantear modelos econométricos para orientar numéricamente esta percepción: inocularle un carácter cuantitativo a algo tan subjetivo como son las opiniones y calcular predicciones sobre la marca Bilbao (o cualquier otra) a corto, medio y largo plazo.

Sabemos qué una marca existe cuando una cantidad suficientemente grande del target la percibe de la misma manera, y que esto depende de las asociaciones que automáticamente hagamos de dicha marca. Por eso, un producto made in Germany nos da más seguridad que un made in Bangladesh; por eso París es la ciudad del amor y Andalucia está indefectiblemente unido al flamenco. Pero, ¿qué pasaba con Bilbao antes de la instauración del museo Guggenheim? Mejor dicho, ¿qué sucede actualmente en lo que respecta al cambio de opinión que tiene el foráneo y el propio ciudadano? Ya no metemos Bilbao dentro del saco de adjetivos grises. La impresión generalizada ha variado. Y a mejor.

Hace quince años, ni los gestores de política económica más optimistas estimaban el efecto tractor que este flagship bulding iba a reportar a Vizcaya y el País Vasco en general. En octubre de 1997, con un economista a los mandos, pocos creyeron que el arte vanguardista iba a convertirse el eje económico de una ciudad post fordista, y menos que a partir de ahí, la fertilización cruzada de esta tracción llegara a darle una vuelta de 180 grados al llamado botxo. Un moderno tranvía surcando la ciudad de una punta a otra, el dinamismo de un lujoso Palacio de Artes y Congresos antaño un astillero o la proliferación institucional de industrias creativas son la materialización de este efecto colateral al rebufo de la pinacoteca. Así pues, utilizando lo que en ciencias cuantitativas se denominan variables proxys, analizamos la web 2.0 de cara a buscar una serie temporal de opiniones sobre los distintos ítems que conforman la marca Bilbao (Guggenheim, por supuesto, pero también Teatro Arriaga, Plaza de Toros, Casco Viejo, Gastronomía, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria o algunos con carácter negativo como Violencia) y estudiar así los cambios de tendencias estructurales que se han venido dando desde hace unos años a esta parte. Y es que vivimos no ya en el world of mouth, sino en el world of mouse. Entendemos que cuanto más “ruido” exista en la web sobre un elemento cualquiera, más importante es, tanto en lo bueno como en lo malo. O lo que es lo mismo, que haya mucha información web sobre Siria en estos momentos no quiere decir que esta sea positiva.

Por tanto, lo que se trata es de analizar día a día la neutralidad, negatividad o el deje positivo de los comentarios de la gente desde que desde que el e-tourism empezara a cobrar fuerza y los servicios de banda ancha crecieran en calidad de megas.

Las predicciones econométricas no daba lugar a dudas: a medio plazo, siempre sin tener en cuenta los shocks exógenos que puedan surgir y su previsión sea imposible de computar, a no ser que la astrología o el esoterismo sean consideradas ciencia, se puede concluir que el CHC de Bilbao es de tendencia positiva y creciente. Posteriormente, con técnicas estadísticas reducimos la multidimensionalidad de la muestra y llegamos a afirmar la fuerte y positiva correlación que existe entre noticias genéricas sobre Bilbao e incremento de turistas, o que un aumento de comentarios sobre el Athletic de Bilbao es más importante que las citas sobre el propio museo franquicia en pos de atraer más gente a la villa.

El CHC por tanto, permite baremar modelos matemáticos de simulación diferentes para, a la hora de plantear políticas públicas urbanas con objeto de polarizar gente, capital humano, crecer en exportaciones o gozar de mayores inversiones estimamdo el tiempo que la gente va a tardar en asociar una marca con lo que se está buscando. Lo que, obvia decir, no surge efecto de la noche a la mañana. Ni de un año para otro. Pero la apuesta va a ser más segura.

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Se hace posible el primer capítulo

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La semana pasada finalizó la primera ronda del crowdfunding de 160 metros, una historia del rock en Bizkaia y alcanzamos la financiación mínima necesaria para poder realizar el primer capítulo. Queremos agradecer (Álvaro Fierro, Diego Urruchi, Raúl López y yo) a los más de 200 financiadores que han hecho posible este proyecto.

160 metros… es una serie documental y un docuweb que narrará la la transformación social que tuvo lugar en los años 90 en ambos márgenes de la ría de Bilbao desde el punto de vista del rock. Hasta el momento, un total de 209 aportaciones de particulares, entre 5€ y 50€, y la entrada como coproductores de la sala bilbaína Kafe Antzokia, Asociación La Caldera Musika Elkartea, Tipografika y la Sala Drumgorri de Llodio hacen posible que durante el mes de febrero comencemos el rodaje de este audiovisual; cuyo estreno está previsto para la próxima primavera en EITB y en streaming por internet.

El crowdfunding es un método para poder financiar proyectos mediante micro-aportaciones y tras esta primera ronda comienza una segunda fase de financiación que se alargará hasta el 18 de febrero, plazo límite para sufragar los gastos del documental. En este punto,  hacemos un llamamiento a bares, tiendas, entidades y marcas a sumarse y apoyar la iniciativa para llevar a cabo los 5 capítulos que conformarán la serie.

Todo aquel que esté interesado en participar puede hacerlo a través de Goteo.org: http://goteo.org/project/160metros

Aquí les dejo la presentación del proyecto aparecida en el Teleberri el pasado 27 de diciembre:

http://http://www.eitb.com/es/videos/detalle/1211206/video-documental-160-metros–escena-rock-bizkaia-anos-90/

160 metros, una historia del rock en Bizkaia

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160metros: una historia del rock en Bizkaia es un proyecto de serie documental que comenzamos a escribir, el periodista musical y colaborador de Bilbao Me Mata, Álvaro Fierro y un servidor el año pasado y que se estrenará en internet y será financiado por crowdfunding.

La productora de contenidos digitales StereoZona  (formada por los productores Diego Urruchi y Raúl López) creará un docuweb sobre el cambio social en los años 90 en el Gran Bilbao contado a través de la música.

160metros… es un nuevo formato audiovisual de corte documental que narrará la transformación urbana que tuvo lugar en los años 90 en ambos márgenes de la ría de Bilbao desde el punto de vista del rock. Se trata de un viaje musical y cultural, una combinación de revival y actualidad, de material de archivo y de seguimiento de la vida de sus protagonistas.

El título hace referencia a la distancia que separa ambas márgenes, con el Puente Colgante como testigo (in)móvil y mudo, remarcando las diferencias sociológicas y económicas que se materializaron, en un contexto de desindustrialización y de construcción del Museo Guggenheim, en dos escenas de rock diferentes y hasta dos formas de ver la vida. La de la margen izquierda con un corte más punk y social (Eskorbuto, Parabellum, Zarama, etc.) y la de la derecha, con lo que se denominó Getxo Sound, con un carácter más hedonista y global (El Inquilino Comunista, Los Clavos, Lord Sickness, etc.).

Las dos novedades que aporta este proyecto es su formato ideado para internet y la financiación, que en su primera fase es a través de micro-mecenazgo o crowdfunding. El docuweb, término para hacer referencia a que se trata de una obra documental con la particularidad de que se exhibe a través de internet, contará con contenidos ampliados: conciertos de la época, metraje inédito y entrevistas extendidas. Se financiará mediante crowdfunding a través de la plataforma goteo.org, un sistema por el cual los fans y todo aquel que lo desee puede aportar su granito de arena apoyando económicamente al proyecto para que finalmente se lleve a cabo. Toda persona, entidad o marca que cofinancie la idea recibirá una retribución o recompensa: aparecer en los créditos, copia en HD de la película, invitación al estreno, figurar como productor asociado, etc.

StereoZona.com es una plataforma WebTV musical, que lleva más de cinco años documentando en vídeo y texto la escena musical de Euskadi, dando oportunidades y visibilizando los grupos emergentes e iniciativas interesantes que por sus características no tienen cabida en medios generalistas. Los conocí durante Misión Lipdub y, desde entonces, hemos colaborado en diversas cosas, pero lo más importante llega ahora con este ilusionante proyecto.

Si quieres apoyar este proyecto hazlo aquí:

http://goteo.org/project/160metros

Artists Killed Media Stars

Organizado por la productora de arte Consonni, AlhóndigaBilbao presenta el seminario “Artists Killed Media Stars“, desde hoy 12 de enero hasta el 14 sábado. Su temática es de lo más estimulante: se abordarán las complejas y cambiantes relaciones entre la televisión, el cine, el vídeo y el arte. No sé si serán complejas estas relaciones, pero desde luego que sí son cambiantes y mucho, y más con la que está cayendo.

Lo más destacado de “Artists Killed Media Stars” es ElectroClass, una película dirigida por la artista María Ruido y producida también por Consonni, que toma el archivo de ETB como material de base. Se trata de una reflexión sobre la disolución del concepto de clase trabajadora tradicional y sobre la radical transformación de la ciudad de Bilbao en las tres últimas décadas. Tuvimos la oportunidad de ver parte de este trabajo en primicia en el pasado Zinebi, y se pudo apreciar que el proyecto ElectroClass tiene el poder de trasladarnos en el tiempo, gracias al poder magnético que tienen esas imágenes aéreas de los Altos Hornos o de los disturbios por el cierre de Euskalduna (como en la imagen de aquí abajo).

Durante el seminario, habrá conferencias y mesas redondas sobre el pasado y presente de la televisión y su relación con el arte, por parte de ponentes como la propia María Ruido, Martha Rosler, Jeanne Van Heeswijk, Fito Rodríguez, Ingrid Guardiola, Angel Quintana, Patrick Watkins, Félix Pérez-Hita o María Mur Dean.

Y por último, también habrá proyecciones. En la sala Bastida, se proyectará el largometraje documental La commune (de Paris, 1871) de Peter Watkins que será presentado por su hijo, Patrick. Watkins es un maestro del docu ficción o del docudrama como así lo llaman en el mundo anglosajón y un visionario sobre el impacto y la influencia de los mass media en nuestros días. Obras como Culloden (1964) y, sobre todo, Punishment Park (de 1971 y en la imagen de abajo, en la que una decena de hippies son enjuiciados y condenados a un campo de castigo… y de algo más) es de lo mejor del cine documental moderno.

Para quien no haya visto ninguno de los documentales de Watkins, La Commune puede resultarles un poco duro para ir abriendo boca. Rodada en estudio y en blanco y negro, se trata de más de 3 horas (originalmente, duraba 5 h y 45 minutos) del relato de la revuelta de los ciudadanos franceses y los acontecimientos que vinieron después. A modo de reportaje televisivo, un equipo de TV (sí, sí de televisión… ¡Y en 1871!) se sumerge en un grupo de revolucionarios del barrio obrero de Belleville, lugar donde se sitúa la génesis del movimiento comunista. Aunque puede hacerse demasiado largo, poder ver esta película hoy en día, tiene su aquel. Sobre todo, con la revuelta de los indignados latente aún en nuestras calles. Aquí está la declaración de Watkins a raíz de la nueva edición que se hizo de La Commune en el 2004.

Las inscripciones pueden hacerse a través de la web de Consonni (www.consonni.org) hasta completar aforo, y tienen un precio de 5 euros la tarde del jueves, 15 euros la jornada completa del viernes (incluida la comida con ponentes y asistentes), y 5 euros la sesión del sábado por la tarde. Asimismo, existe la posibilidad de adquirir el bono para todas las sesiones, con un coste de 20 euros.

Juan Carlos Eguillor, el Bilbao de antaño

Ayer murió en Madrid Juan Carlos Eguillor, artista e ilustrador gráfico bilbaíno, a la edad de 63 años. He oído hablar bastante de él, sobre todo a gente tan dispar como Paúl Pérez de Palomar de la productora IDEM, La Otxoa, el guionista Jorge Guerricaechevarría o mi padre, pero no le he conocido nunca, ni soy un gran experto de su trabajo. A decir verdad, empecé a conocerlo a raíz de un malentendido con “Bilbao Me Mata” y el videoarte de “Bilbao la Muerte“. Aquel malentendido quedó finalmente aclarado y gracias a él, o por su culpa, tuve más conocimiento de la obra de Juan Carlos Eguillor.

A él le debemos también el cartel de aquella primera Aste Nagusia de 1978. Fíjense en el mismo, y compárenlo con cualquiera de los carteles de los últimos años de fiestas. Hay quien asegura que hoy en día Bilbao es una ciudad moderna, pero si comparamos el cartel de 1978 con el del año pasado, no sé, qué quieren que les diga, es una modernidad que a mí no me vale nada, no me dice nada en absoluto. En cambio el cartel de Eguillor, de hace más de 32 años, no envejece:

Decía Eguillor en alguna de sus últimas entrevistas que sentía nostalgia por el encanto sucio del Bilbao de antaño. La ría estaría muy sucia, habría mucha contaminación, no habría apenas parques ni zonas peatonales, pero la villa tenía más vida. Más de una vez he defendido en este blog, esa mirada melancólica hacia el Bilbao en el que crecí. La ensoñación que produce aquel Bilbao me atrae y me tiene bastante atrapado.

Sin embargo, por edad, aquella época me queda bastante lejos ya que entonces tan solo tenía 10 años y no pude, en absoluto, vivir aquella supuesta efervescencia artística, ciudadana y cultural de Bilbao que sí que vivió el propio Eguillor.

Para la gente de mi generación creo que lo mejor está por llegar, y que ahora estamos mejor que antes. Además, a partir de la construcción del Museo Guggenheim el número de turistas que nos visitan ha crecido exponencialmente y eso es de agradecer; porque ha traído riqueza y trabajo a nuestra tierra, y porque ahora cuando salimos fuera, cada vez más gente sabe dónde está Bilbao. Y eso, se mire por donde se mire, está bien.

PERO, eso sí, no puedo admitir que, cuando en fechas recientes se inauguró el Pachá Lounge Bilbao, el responsable de turismo de la diputación dijera que gracias al Pachá, Bilbao se convertiría en una ciudad más moderna… En fín, eso tampoco, ¿no creen?

Sobre la dimisión de Alex de la Iglesia

“Uno no se levanta un día y decide marcharse. No piensas nunca; hoy dimito. (…) La decisión ya la tenía tomada de hace algún tiempo”. No sé si son estas las palabras exactas pero con algo parecido a esto comenzaba el capítulo que mi padre, Jose Mari Gorordo, dedicó a su dimisión como Alcalde de Bilbao, en el libro autobiográfico La política de otra manera.

No es fácil dimitir. Es muy fácil irse, rehuir las responsabilidades, abandonar. Gobernar es bastante jodido, a menudo se toman decisiones impopulares pero hay que seguir. Entonces, ¿por qué se dimite? Pues no lo sé muy bien pero siempre hay que dejarlo reposar y valorarlo en su justa medida más tarde. Nunca hay que fiarse de las reacciones en caliente.

Cuando dimitió mi padre, hace ahora poco más de 20 años, se dijo que lo hacía por “discrepancias con la cúpula del PNV”. Esa fue la versión oficial que era verdad pero no lo explicaba todo.

Mi padre reclamaba con su acción un mayor gasto público en nuestra ciudad (al menos proporcional a los impuestos que pagábamos) y que se activara el sector terciario (el de servicios) como respuesta a la destrucción del tejido industrial del Nervión: de ahí el malogrado proyecto de “El cubo de la Alhóndiga“. El cubo pretendía convertirse en el referente cultural de Bilbao (proyecto conjunto con el escultor Jorge Oteiza y el arquitecto Paco Saenz de Oiza) pero al final no se hizo. Sin embargo, apenas 3 años más tarde se firmó el acuerdo con la Fundación Guggenheim para la creación de un Museo de Arte Contemporáneo en Abandoibarra.

A veces pienso, con la perspectiva del tiempo, que la dimisión de mi padre desembocó en la construcción del Guggenheim. Un poco como ocurre en la estupenda película Origen (Christopher Nolan, 2010), en la que Leonardo Di Caprio tiene el gran poder de implantar una idea en la mente de alguien. Pues bien, podría decirse que mi padre inculcó la idea de que Bilbao necesitaba imperiosamente convertirse en una ciudad de servicios, con la construcción de un gran museo.

Salvando las enormes distancias, encuentro algunas similitudes en la dimisión de Alex de la Iglesia. El pasado lunes en un artículo escrito en EL PAIS, Alex manifestaba “su desacuerdo con la Ley Sinde”. A pesar de que los que estemos en este oficio nos sintamos un tanto abandonados, creo que habrá que esperar a un futuro próximo para analizar objetivamente la decisión del director bilbaino. Puede que su dimisión desemboque en una Ley Sinde mejorada (algo por lo que Alex ha luchado infatigablemente) y tengamos unas leyes de protección del autor (y de la propiedad intelectual) dignas de ese nombre.

O puede que no, puede que tal y como alguien dice en Balada triste de trompeta, sigamos siendo un país “que no tiene remedio”.

Claude Chabrol y el sentimiento de culpa burgués

Si Asier Guerricaechebarria me asegura que igual no ha visto ni la tercera parte de la filmografía del cineasta francés Claude Chabrol (muerto la semana pasada a los 80 años), yo no habré visto quizá ni una cuarta o quinta parte. De las más de 70 películas que ha dirigido este hombre nacido en París, he visto sobre todo aquellas de las dos últimas décadas, más o menos, desde La Cérémonie (1995) hasta La fille coupée en deux (2007).

Todo empezó un día de 1995 o 1996 cuando el bueno de Iker Seisdedos me pidió que le acompañara a la proyección de La Cérémonie (1995) al Teatro de Barakaldo. De la margen izquierda conocía muy poco en aquel entonces, como mucho el hospital de Cruces o la calle empinada de Portugalete donde habíamos ido a ligar algún sábado y para de contar. No sé cuándo fue la primera vez que estuve en Sestao, pero no tuvo que ser hace mucho. La verdad es que no me siento muy orgulloso de admitir aquí que la primera vez que estuve en Barakaldo o en Santurce fue a los 17 años pero qué quieren que les diga, en aquellos tiempos no existía ni la línea 2 de metro ni el Max Center, y tomar el tren de la margen izquierda era algo así como una aventura (casi) peligrosa ya que si te equivocabas en Baraka te podías equivocar mucho.

Me imagino que los personajes burgueses que Chabrol retrataba, de haber existido, hubieran podido comprender el sentimiento de culpa que me albergaba al tomar el tren de la margen izquierda. Recuerdo la secuencia de La Cérémonie en la que la adolescente burguesa (Virginie Ledoyen), que controla de mecánica, arregla el coche de la amiga proletaria de su asistenta (Isabelle Huppert cuyo personaje prefiere la poesía a la mecánica…) y esto hace sentirle un cierto pesar a la burguesa Ledoyen (cuyo abuelo nació en Bilbao, dicho sea de paso) y un gran odio de la proletaria hacia ella que luego desemboca en el catártico final.

(Aquí les dejo el extracto, la secuencia en cuestión no llega hasta el minuto 5):

En fin, no sé lo que pensarían los críticos de cine del Cahiers du Cinéma de hacer esta analogía entre el cine de Chabrol y la margen izquierda del Nervión, pero a mí me ha parecido curioso contarles que dos chicos de Abando fueron a Barakaldo a ver una película que no sólo ridiculiza la burguesía sino que muestra que la lucha de clases sigue vigente hoy en día (como diría Mikel Insausti del EGIN). Pero bueno, también les confieso que ni Iker Seisdedos ni el autor de este blog tenemos ni puta idea de mecánica.

Me gusta y mucho: Eskorbuto

Escorbuto.m. Med. Enfermedad general, producida por la escasez o ausencia en la alimentación de determinados principios vitamínicos, y caracterizada por hemorragias cutáneas y musculares, por una alteración especial de las encías y por fenómenos de debilidad general.

Quizás no haya un nombre que defina mejor la idiosincrasia de este grupo. Su enfermizo aspecto físico podría hacer pensar en esta bacteria nociva tan relacionada con los marineros. Y tal es así, que el mismo Iosu Expósito se sentía muy identificado : “Nosotros somos de Santurce, un pueblo de tradición marinera luego el nombre de Eskorbuto nos va como anillo al dedo. En cuanto lo oímos nos identificamos totalmente. Ya no nos hacía falta seguir buscando un nombre para el grupo; Eskorbuto era inmejorable“.

La crisis económica de los años 70 hizo que el tejido industrial del Gran Bilbao mermara irreversiblemente y que la Margen Izquierda del Nervión se convirtiera en una de las zonas más castigadas por el desempleo de España. Tal y como ocurrió en el Reino Unido con el surgimiento del movimiento Punk (cuyo lema fue el No future – No hay futuro) como respuesta a la crisis económica de los 70, en la margen izquierda muchos grupos de rock surgían bajo los humos de los Altos Hornos de Vizcaya (AHV).

Ante esta situación tan desesperanzadora, muchos optaron por evadirse de la realidad mediante la heroína. Quizá fuera la solución más fácil, pero en aquellos tiempos no se tenía la información que tenemos ahora sobre las consecuencias tan devastadoras de esta droga tan mortífera. Y aún menos de una plaga tan terrible como la del SIDA, que comenzaba entonces su funesta andadura.

Por si esto fuera poco, políticamente la situación no podía ser más revuelta : las acciones terroristas de ETA y de aquellos grupúsculos armados cercanos al régimen (que no terminaban de convencerse de que debían de tirar la toalla) se sucedían; la violencia copaba la primera plana de los telediarios de TVE.

En este contexto, nace una de los bandas más sólidas de los 80, el trío de Santurce llamado Eskorbuto. Formado por Josu Expósito, Juanma Suárez y Paco Galán, pasarán a la historia como una de las grupos de punk-rock más influyentes de España. De hecho, su influencia llega hasta hoy en día, ya que se acaban de reeditar sus dos últimos LP’s (Las más macabras de las vidas y Demasiado enemigos) como prueba de que su música rompedora y punk visceral sigue vigente aún.

Su manera de vivir, tan callejera y llevada hasta el límite, fue el paradigma de aquella juventud de los 80. Representaron la versión más cruda de la tan celebrada “movida madrileña” de la que, sin embargo, formaron parte. Sus primeros trabajos fueron una consecuencia de la efervescencia artística de la capital. Hubo una proliferación de sellos discográficos independientes que dieron la oportunidad a muchos grupos.

Cuando me enteré del repunte de la heroína entre la juventud de hoy en día, recordé la historia de los Eskorbuto. Una historia llena de rebeldía, inconformismo y romanticismo, truncada trágicamente por los excesos llevados hasta el límite, las drogas duras y las noches sin fin.

La historia de Eskorbuto es también nuestra historia. Una historia verdadera, trágica y doliente.

Aquí está el video sobre la heroína que protagonizó Iosu en Santurtzi:

La muerte de sus dos componentes principales descabezó un proyecto de autenticidad mítica que cambió mentalidades, y que fue trágicamente coherente de principio a fin.