El cine humanista de Laurent Cantet

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En Ressources humaines (Recursos humanos, Laurent Cantet, 2000) Jalil Lespert interpreta a Frank, hijo de obrero y estudiante de empresariales, que vuelve a su pueblo natal de Normandia para hacer las prácticas en la misma fábrica que su padre, pero en la sección de Recursos Humanos, donde tiene la función de servir de puente entre la dirección y los sindicatos en la negociación para la reducción de la jornada laboral.

Sin embargo un día descubre accidentalmente que existe un plan de re-estructuración de la empresa en el que se contemplan 12 despidos, entre ellos el de su padre. Frank se lo comunicará a los sindicatos, que comenzarán una huelga.

Hay una escena (en la imagen de arriba) particularmente significativa del conflicto en la relación padre/hijo, el tema dominante de la película. Durante la huelga Frank se encuentra con su padre, que ha aceptado su despido y sigue trabajando como si nada, y en un monólogo acusador le recrimina su pasividad y la vergüenza que siente de ser hijo de obrero, pero más aún, la vergüenza que siente de haber sentido vergüenza. “¡Esta vergüenza me la has inculcado, tú!”, le dice gritando.

Esta ejemplar escena de la primera película de Cantet resume muy bien su cine. En este, además de los conflictos paterno filiales, los de la lucha de clases (en L’Emploi du Temps (2002) o en la misma Ressources Humaines) o los de profesor/alumnos (en La Clase (2008)), siempre hay una base de guión de ficción fuerte pero que toma prestado mucho de la realidad, de lo cotidiano.

La ficción flirtea con lo real, se viste de ella. Muchas veces los diálogos son modificados en rodaje por actores tanto profesionales como no profesionales. Jalil Lespert es hoy uno de los mejores actores de Francia pero el que hace de su padre, Jean-Claude Vallod, no ha vuelto a trabajar en el cine y en cambio, es impresionante en la escena mencionada, cuando humillado por su hijo rompe a llorar y apaga la máquina totalmente abatido.

En Foxfire, que está actualmente en cartelera, también ocurre algo parecido: un grupo de chicas adolescentes deciden no pasar ni una en la sociedad americana machista de los años 50 y montan una banda en la que imperará el compañerismo y la fidelidad. Ninguna de las actrices que yo sepa son profesionales pero trasladan, en interpretaciones muy convincentes y magistralmente dirigidas por Cantet, todo el humanismo de sus personajes.

 

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Alain Resnais, un cineasta único

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Tiene razón Iker Seisdedos cuando escribe que parece que las redes sociales se estén convirtiendo en un enorme cementerio, en un gigantesco muro de las lamentaciones cada vez que fallece alguien. El lunes pasado me enteré por facebook de que Harold Ramis, el director de Atrapado en el tiempo (1994), una de mis películas preferidas, había muerto a los 69 años. Ayer fallecía la escritora Ana María Foix y hoy Alain Resnais, uno de los grandes referentes del cine francés y del cine mundial.

En este mismo blog Bilbao Me Mata he dedicado unas palabras a la memoria de directores como Arthur Penn o Patrice Chéreau, y también Asier Guerricaechebarria escribió sobre Blake Edwards y el actor Leslie Nielsen.

Precisamente Asier es un gran admirador del cine de Alain Resnais, y si no ha visto toda su filmografía (compuesta por alrededor de 50 entre cortos, largos y documentales) andará cerca. Nacido en Vannes (Bretaña) en 1922, Resnais devoraba cine, libros y cómics desde su infancia y con los 13 años recién cumplidos realiza su primer corto. A los 21, ingresa en la primera promoción de la escuela de cine por excelencia de Francia, el entonces Idhec, hoy conocida como La Femis, de la que era el presidente honorífico de la asociación de ex estudiantes.

En 1950 realiza Guernica en torno al cuadro inmortal de Pablo Picasso. Ya se intuye en este corto documental lo que será la marca de la casa: la importancia y el dominio del montaje. Cinco años más tarde firma la obra maestra absoluta Nuit et Bruillard, un sobrecogedor documental que evoca la deportación y los campos de concentración y exterminio de los nazis.

El comienzo no hace presagiar nada de lo que va a venir a continuación, es la esencia del lenguaje cinematográfico. Vemos un terreno cualquiera y escuchamos la primera frase del guión de Jean Cayrol, narrado por Michel BouquetMême un paysage tranquille… ” (Incluso en un paisaje tan tranquilo). No sabemos que de este paisaje tan anodino y apaciguador vamos a iniciar un viaje, a través de imágenes de archivo en blanco y negro, hacia el horror de las horas más sórdidas del genocidio nazi. Con un metraje de 32 minutos Nuit et Brouillard es una de las películas más duras que he visto en mi vida y una terrorífica muestra de la condición humana.

En 1959 Resnais presenta en el Festival de Cannes Hiroshima mon Amour, con guión de Marguerite Duras, a caballo entre ficción y documental, que le valió el premio Melies (ex aecquo junto a Los 400 golpes de un tal François Truffaut) y tres nominaciones a los Oscars (para el guión, para la actriz Emmanuelle Riva y para la mejor película de habla no inglesa).

En 1966 con guión de Jorge Semprún, realiza La guerra ha terminado que siendo una ficción, coge prestados ciertos elementos de la técnica del documental, como el uso de voz en of. Aquí una muestra del arranque de la película cuando Diego, Yves Montand, tiene que cruzar la frontera de Irun a Hendaia.

[Pequeño inciso: La volví a ver hace poco durante una estancia en Ivry-sur-Seine y me emocioné tanto al ver a Diego yendo a la reunión clandestina con sus camaradas precisamente a la misma calle de Ivry en la que yo vivía, que quise introducir este extracto de La guerra se ha terminado en el documental La Otxoa, sin complejos mientras escuchamos a Yves Montand cantando Bilbao Song… Fue una idea un poco marciana que desechamos rápidamente porque no tenía mucha lógica en la historia, o como decía la montadora, Marina Paugam, era una idea que había aterrizado en paracaídas, es decir, que estaba metida con calzador.]

Por último, On connait la chanson, una comedia musical coral sobre historias de amor y desamor, con guión de Agnès JaouiJean-Pierre Bacri, en el que las letras de canciones populares ocupan el lugar de los diálogos. Gracias al play-back, la voz de los intérpretes de las canciones sale de los labios de los actores y funciona muy bien. Con más de 2,5 millones de espectadores en su estreno en salas de cine de Francia, On connait la chanson es el mayor éxito de público y crítica de Alain Resnais.

Resnais deja viuda a la actriz Sabine Azema, en la foto de arriba. Se va uno de los últimos supervivientes de la generación de después de la Segunda Guerra Mundial aquella de Chris Marker, Agnés Varda (quizá la última que quede) y toda la banda del Cahiers du CinémaJean-Luc Godard, François Truffaut, Jacques Rivette, Claude Chabrol, Eric Rohmer

Prezinebi 2013, encuentro con Santiago Amigorena

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Como todos los años, 2 semanas antes del comienzo del Zinebi, se celebra el Prezinebi. Del 8 al 15 de noviembre, en la sala Cúpula del Teatro Campos, tendrán lugar una serie de actividades en las que tomarán parte escuelas de cine, asociaciones y profesionales del sector audiovisual.

Para empezar, este viernes 8 de noviembre a las 20:00, la tradicional colaboración entre la Asociación de guionistas vascos y el Zinebi, el encuentro con el cineasta argentino (pero afincado en Francia) Santiago Amigorena, que vendrá a presentar su película Another Silence (2011), un thriller policíaco protagonizado por la actriz canadiense Marie Josée Croze. Es esta una excelente oportunidad de conversar con el guionista y director de la película, para conocer de primera mano su manera de escribir y de contar historias.

Santiago Amigorena (Buenos Aires, 1962) pasa su infancia en Argentina y Uruguay para instalarse junto a su familia en Francia en 1973, en donde conoce en el Liceo Rodin de Paris al futuro director Cédric Klapisch. Junto a él escribirá una de las películas más influyentes para los franceses de mi generación (aquellos nacidos a finales de los 70, principios de los 80) Le péril jeune (1994), además de otras obras también muy conocidas y con gran éxito de público como Peut-être (2000), una especie de Isla del Tesoro futurista con la estrella (en ciernes entonces) del cine francés, Romain Duris y el legendario Jean-Paul Belmondo haciendo las veces del canalla Long John Silver; también cabe destacar de esta colaboración con Klapisch, Ni pour ni contre (bien au contraire) (2003). En 2006 dio el salto a la dirección con Quelques jours en septembre, en cuyo reparto figuraban estrellas internacionales como Juliette Binoche, John Turturro o Nick Nolte.

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Another Silence es su segundo largometraje de ficción como director, y está en post-producción de Les enfants rouges con Irene Jacob y el gran Éric Caravaca. Recordemos la hora y el lugar: Viernes 8 de noviembre a las 20:00 en la Sala Cúpula del Campos. La entrada es libre hasta completar aforo.

También cabe destacar dentro del Prezinebi, por un lado, el ZINEBI-EXPRESS, el concurso de cortometrajes rodados en 48 horas, que se celebrará este próximo fin de semana y las inscripciones podrán realizarse el sábado 9 de noviembre en el vestíbulo del Teatro Campos. Por otro lado, el Cine Club FAS presentará en este marco el largometraje documental Bertsolari, dirigido en 2011 por Asier Altuna, y que es para mí uno de los mejores documentales que se han hecho en Euskal Herria.

Por último, como ya es habitual, el broche a esta semana de actividades previas lo pondrá la Asociación Caóstica, en esta ocasión con el Guateque Ninja, a las 22.30 horas en la Sala Rockstar, coincidiendo con la inauguración de ZINEBI 55, que tendrá lugar ese mismo día en el Teatro Arriaga a las 20:00 horas.

Cómo triunfar en Francia (El caso Almodóvar)

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Distribuida por sus habituales socios de Pathé, la última película de Pedro Almodóvar, Los amantes pasajeros, se estrenará este miércoles 27 de marzo en las salas de cine de toda Francia.

La semana pasada Almodóvar fue el invitado de uno de los programas de entretenimiento con mayor audiencia de la televisión de nuestro país vecino; Le Grand Journal, un programa imprescindible para la promoción de los estrenos en Francia y que está dirigido por Michel Denisot, veterano presentador, que quizá nunca figure en los títulos de crédito de ninguna película, pero que tiene una gran influencia en la industria del cine, sobre todo, en el mayor escaparate del mundo: el Festival de Cannes. Además de ser un gran cinéfilo, Denisot es también un hombre de contactos: es bastante colega de Will Smith y se deja ver por La Croisette acompañado por Lady Gaga.

El éxito de Almodóvar en Francia es incontestable. Aparte de los innumerables elogios que pueda recibir, también contribuye él mismo con su enorme capacidad para venderse. Si Los amantes pasajeros es una metáfora de la sociedad española, tal y como les he escuchado decir al propio director manchego y a Cecilia Roth; en Francia Almodóvar lo vende como un homenaje a la década de los 80, porque sabe que para los galos, la movida madrileña, es nuestro mayo del 68. Y si hay un icono de aquel tiempo, de aquella efervescencia artística, ese es él.

No sé muy bien qué es la marca España, pero he vivido en París y sé muy bien lo que allí representa Pedro Almodóvar. Pasará mucho tiempo antes de que alguien supere lo que él está consiguiendo. Su cine, independientemente de que guste más o menos, de que se vea mucho o poco, siempre es un acontecimiento de primer orden. Su servicio alcine y a la cultura, fuera de nuestras fronteras, no se puede valorar en euros; pero su aportación es inmensa.

Un ejemplo es la contribución del cine de Almodóvar al sector turístico de Madrid que, aunque intangible, es enorme. Así como París nunca sería la ciudad más visitada del mundo, si no fuera por las miles de películas, desde Les enfants du paradis (Marcel Carné, 1945) hasta El fabuloso destino de Amelie Poulain (Jean-Pierre Jeunet, 2001), que se han rodado allí y se han visto en todo el mundo.

En Francia, y es el ejemplo que debemos seguir, saben desde hace mucho tiempo que el cine es mucho más que la expresión artística de un autor.

¿Y Los amantes pasajeros? Pues desde luego a mí no me gustó mucho. Quitando el playback de I’m so excited del trío de azafatas (Carlos Areces, Raúl Arévalo y Javier Cámara) o la interpretación de Lola Dueñas, encarnando a un personaje muy almodovariano, como antes lo hicieran una Verónica Forqué o una Carmen Maura; no hay mucho más.

Me gustó la premisa de la historia del avión que da vueltas y vueltas, como si fuera el país que deambula sin rumbo a la espera de ser rescatado, pero me decepcionó el desarrollo posterior, sobre todo las tramas del banquero corrupto o la Madame  esa interpretada por Cecilia Roth, que parecían más bien la obra de un debutante. Aún así, prefiero Los amantes pasajerosLos abrazos rotos y La piel que habito, y estoy seguro de que será un gran éxito en Francia.

Diario de un festival: Jean-Claude Carrière

Este es el artículo que escribí para el catálogo del Zinebi sobre el guionista francés Jean-Claude Carrière (su último guión llevado al cine es El artista y la modelo de Fernando Trueba) que, de la mano de la Asociación de Guionistas Vascos y del propio Festival Zinebi, vendrá este martes 20 de noviembre a presentar a las 20:00 en el Museo Guggenheim la película Reencarnación (de Jonathan Glazer y con Nicole Kidman).

EL DISCRETO ENCANTO DE JEAN-CLAUDE CARRIÈRE

“Un guión es el camino que va de la oruga a la mariposa; un estado transitorio, una forma pasajera destinada a metamorfosearse y a desaparecer. Lo más normal es que al final de un rodaje tiremos el guión a la basura.” De esta forma tan honesta comienza Jean-Claude Carrière (Colombières-sur-Orb, Hérault, Francia) su libro Exercice du Scénario (La Fémis, 1990). Dramaturgo, historiador, novelista y guionista desde hace más de 60 años; escritor erudito y accesible a todo el mundo, Carrière ha firmado guiones para cineastas de la talla de Luis Buñuel, Pierre Étaix, Jacques Deray, Louis Malle, Jean-Luc Godard, Milos Forman, Peter Brook, Volker Schlöndorff, Andrzej Wajda, Wayne Wang  o Fernando Trueba.

Miembro de una modesta familia de agricultores, en su casa no había ni un solo libro, cuadro o fotografía; Carrière se mantendrá fiel a una divisa toda su vida: escribir y leer mucho. Siendo estudiante, debido a una enfermedad, escribe durante ocho meses su primera novela, que vería la luz años más tarde (1957) con el título de Lézard (Lagarto). Un día su editor le propone hacer una prueba para novelizar Las vacaciones del señor Hulot (Les Vacances de Monsieur Hulot) de Jacques Tati, lo que le supone entrar de lleno en el universo burlesco del gran cómico y en el del cine en general.

Durante el Festival de Cannes 1963, recién finalizada la escritura con Pierre Étaix de El pretendiente (Le Soupirant), Jean-Claude Carrière conoce a Luis Buñuel, que buscaba un joven guionista francés para su siguiente proyecto: Diario de una camarera (Journal d’une femme de chambre).

Su colaboración de más de 20 años da como resultado 9 guiones de largometraje de los que 6 fueron llevados a la gran pantalla y figuran entre las más altas cumbres del cine europeo: Bella de día (Belle de jour, 1967), La Vía Láctea (La Voie lactée, 1969), o El discreto encanto de la burguesía (Le Charme discret de la bourgeoisie, 1972), por ejemplo. Hay que destacar también otras colaboraciones con maestros como Volker Schlöndorff en El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, 1979) y El amor de Swann (Swann in Love, 1984); o Milos Forman en Valmont (1989) y Los fantasmas de Goya (Goya’s Ghosts, 2002). Obtiene asimismo un notable éxito de crítica y público con las adaptaciones de Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rappeneau, 1990) y La insoportable levedad del ser (The Unbearable Lightness of Being, Philip Kaufman, 1988).

Es responsable del guión, con tintes autobiográficos, de Reencarnación (Birth, Jonathan Glazer, 2004), la historia de un niño de 10 años que, por el más terrorífico de los misterios, parece acordarse de todo lo que un hombre (Sean) y su mujer (Anna) han vivido. “Si perdiera a mi mujer y al día siguiente un pájaro se posara en mi ventana, me mirara fijamente y dijera: ‘Sean, soy Anna, he vuelto’, yo le creería y viviría con él”.  Es la primera frase de la película, extrañamente poética y premonitoria, pronunciada por el personaje de Sean, al que nunca veremos después de su muerte en la majestuosa secuencia de inicio.

En el 2011, Carrière publica Para matar el recuerdo. Memorias españolas, un libro sobre la idiosincrasia de la sociedad española. Al contrario que en Francia, en donde se sitúa la razón y la claridad por encima de todo, en España predomina lo irracional, la oscuridad y el despropósito. Se trata de una relación distinta con la realidad y el mundo. El dispositivo narrativo utilizado por Carrière es el siguiente: muestra los clichés, los aísla y los analiza para ver qué es lo que se esconde detrás de ellos. Lo que hay en nosotros, en definitiva, de oscuro, profundo e inextricable.

Por último, en el documental Carrière, 250 metros (Juan Carlos Rulfo, 2011), una incursión en su vida a través de los siete países en los que ha vivido, escribe varias cartas a sus hijos sobre su experiencia en estos países, y su forma de ver el cine y la vida.

250 metros es la distancia que separa su casa de Colombières-sur-Orb del cementerio…