David Trueba, gran vencedor en los Premios Goya

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El guionista y director David Trueba (en la imagen de arriba junto a su productora Cristina Huete) resultó el gran vencedor de la 28ª edición de los Premios Goya llevándose 6 premios (entre ellos el de mejor dirección y mejor película) con la película Vivir es fácil con los ojos cerrados.

En su libro Diccionario de Cine, Fernando Trueba dice que cuando contempla un cuadro del pintor impresionista francés Pierre-Auguste Renoir piensa en él como en “el padre de” Jean Renoir, y no a este como “el hijo de” aquel, demostrando su gran devoción por el cineasta autor de La bestia humana (junto a Billy Wilder el autor más citado en el diccionario) y opinando que el hijo “ha superado” al padre.

Se puede decir por lo tanto, después de la gala celebrada ayer en el Gran Casino de Madrid, que por un día Fernando fue el “hermano de David”, aunque si nos atenemos tanto a la filmografía de ambos como a sus últimos trabajos, El Artista y la Modelo de Fernando Trueba y Vivir con los ojos cerrados de David Trueba, este último seguirá siendo de momento “el hermano de” Fernando. En mi opinión, por supuesto.

Por otro lado, Las brujas de Zugarramurdi de Álex de la Iglesia fue el film que más estatuillas obtuvo con ocho, todas ellas en categorías denominadas como “técnicas”: dirección de producción, dirección artística, maquillaje, vestuario, sonido, etc. Salvo el Goya a la mejor interpretación de reparto a la grandísima actriz Terele Pávez, uno de los premios más merecidos que yo recuerde.

Vivir… es la historia de Antonio San Román (interpretado por Javier Cámara que se alzó con el Goya a mejor actor después de 6 nominaciones) un profesor que, durante los años sesenta del siglo pasado, en plena dictadura franquista, se sirve de las canciones de Los Beatles para enseñar inglés e inicia un viaje con el objetivo de conocer a John Lennon, en aquel momento rodando la película How I Won The War (de Richard Lester) en Almería.

El Premio Goya a la mejor actriz fue para Marian Álvarez por su rol de Ana en La Herida y el premio a la mejor dirección novel fue a deparar a su director Fernando Franco.

Por último, en esta 28ª edición, que se desarrolló con la ausencia muy recordada del Ministro de Cultura Jose Ignacio Wert (el director Mariano Barroso llegó a pedir su dimisión como se ve en el vídeo de arriba), el presidente de la Academia de Cine Español, Enrique González Macho, criticó duramente la persistencia en el 21% del IVA cultural y dijo una frase que comparto plenamente (y más en estos días): “Hacer una película hoy en día es un auténtico acto heroico”.

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La política en los Goya

Se había especulado mucho sobre la gala de entrega de los premios GOYA 2013 por el recordado “No a la guerra” de hace 10 años. Hubo quien defendió que no se hablara de política, como el director Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro (2006), Primos (2011)), argumentando que el cine español todavía está pagando aquella reivindicación.

Entiendo las consignas de no politizar los discursos y comparto también las proclamas de que el cine es de todo el mundo y no “del de la ceja, ni de el del bigote”. ¿Pero, por otro lado, acaso se han depurado las responsabilidades políticas después de la decisión de apoyar la invasión a Irak con el pretexto (probado falso antes, durante y después de la guerra) de la existencia de armas de destrucción masiva?

En aquella edición de 2003, los artistas, los profesionales del cine, hicieron una protesta mayoritaria (no todos la secundaron) como ciudadanos en contra de aquel vergonzoso acto de barbarie en el que miles de personas murieron por la codicia de un George W. Bush que fue apoyado por los gobiernos de Aznar y de Blair. Por esto, que yo sepa, nadie fue juzgado culpable. Sin embargo, es la gente del cine quien tiene que seguir a día de hoy pidiendo perdón por haber mostrado su rechazo ante semejante salvajada.

Este año por lo tanto, quizá para curarse en salud, se pidió que solo se hablara de cine. Y parecía que así iba a ser, pero no lo fue al final. Igual es que es muy difícil hablar de cine (de arte, dicho de otro modo) esquivando las políticas culturales, que son la base del sistema de financiación y producción de la industria. De hecho, la primera que lo hizo, después de un comienzo titubeante, fue la presentadora Eva Hache con sus dardos envenenados dirigidos al ministro de cultura (“felicidades, señor Ministro, pero por su cumpleaños, por lo otro no”) o referentes a la amnistía fiscal.

Después llegó el turno del Presidente de la Academia, Enrique González-Macho, quien pronunció un discurso de cinco minutos (para mí) impecable. Comenzó pidiendo la supresión de la ley del IVA para los productos culturales del 21%, luego el establecimiento de medidas antipiratería y por fin reivindicando que el cine es de todos. Y qué decir del sobrecogedor discurso de Candela Peña, después de recibir el premio a la mejor interpretación femenina de reparto:

Dicho esto, hablando de las películas nominadas, me he visto las cuatro películas que competían al Goya a la mejor película y coincidido con la opinión general en que son una muestra de la diversidad y de la riqueza del cine que se hace aquí.

De las cuatro me quedo con El artista y la modelo de Fernando Trueba y guión de Jean-Claude Carrière en el que Jean Rochefort, un consagrado escultor que sabe que no le queda mucho tiempo (es inolvidable la réplica “todo cuenta, cada hora, cada minuto que pasa” de alguien que siente la muerte tan cercana) trata de transmitir su ideal en el arte y en la vida, a una (casi desconocida en el cine) Aida Folch, que compone una gran interpretación.

No he visto el documental producido por Javier Bardem, pero sí que he visto la inquietante y terrorífica A story for the Modlins (Goya al mejor corto documental) de Sergio Oksman (autor de la excelente Goodbye America, un retrato de los últimos días del actor que dio vida al Abuelo de la conocida serie de la familia Adams; quien delante de un espejo y en una sesión de maquillaje, repasa su vida y da su punto de vista del mundo), y me parece uno de los mejores documentales que he visto hace mucho tiempo.

Diario de un festival: Jean-Claude Carrière

Este es el artículo que escribí para el catálogo del Zinebi sobre el guionista francés Jean-Claude Carrière (su último guión llevado al cine es El artista y la modelo de Fernando Trueba) que, de la mano de la Asociación de Guionistas Vascos y del propio Festival Zinebi, vendrá este martes 20 de noviembre a presentar a las 20:00 en el Museo Guggenheim la película Reencarnación (de Jonathan Glazer y con Nicole Kidman).

EL DISCRETO ENCANTO DE JEAN-CLAUDE CARRIÈRE

“Un guión es el camino que va de la oruga a la mariposa; un estado transitorio, una forma pasajera destinada a metamorfosearse y a desaparecer. Lo más normal es que al final de un rodaje tiremos el guión a la basura.” De esta forma tan honesta comienza Jean-Claude Carrière (Colombières-sur-Orb, Hérault, Francia) su libro Exercice du Scénario (La Fémis, 1990). Dramaturgo, historiador, novelista y guionista desde hace más de 60 años; escritor erudito y accesible a todo el mundo, Carrière ha firmado guiones para cineastas de la talla de Luis Buñuel, Pierre Étaix, Jacques Deray, Louis Malle, Jean-Luc Godard, Milos Forman, Peter Brook, Volker Schlöndorff, Andrzej Wajda, Wayne Wang  o Fernando Trueba.

Miembro de una modesta familia de agricultores, en su casa no había ni un solo libro, cuadro o fotografía; Carrière se mantendrá fiel a una divisa toda su vida: escribir y leer mucho. Siendo estudiante, debido a una enfermedad, escribe durante ocho meses su primera novela, que vería la luz años más tarde (1957) con el título de Lézard (Lagarto). Un día su editor le propone hacer una prueba para novelizar Las vacaciones del señor Hulot (Les Vacances de Monsieur Hulot) de Jacques Tati, lo que le supone entrar de lleno en el universo burlesco del gran cómico y en el del cine en general.

Durante el Festival de Cannes 1963, recién finalizada la escritura con Pierre Étaix de El pretendiente (Le Soupirant), Jean-Claude Carrière conoce a Luis Buñuel, que buscaba un joven guionista francés para su siguiente proyecto: Diario de una camarera (Journal d’une femme de chambre).

Su colaboración de más de 20 años da como resultado 9 guiones de largometraje de los que 6 fueron llevados a la gran pantalla y figuran entre las más altas cumbres del cine europeo: Bella de día (Belle de jour, 1967), La Vía Láctea (La Voie lactée, 1969), o El discreto encanto de la burguesía (Le Charme discret de la bourgeoisie, 1972), por ejemplo. Hay que destacar también otras colaboraciones con maestros como Volker Schlöndorff en El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, 1979) y El amor de Swann (Swann in Love, 1984); o Milos Forman en Valmont (1989) y Los fantasmas de Goya (Goya’s Ghosts, 2002). Obtiene asimismo un notable éxito de crítica y público con las adaptaciones de Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rappeneau, 1990) y La insoportable levedad del ser (The Unbearable Lightness of Being, Philip Kaufman, 1988).

Es responsable del guión, con tintes autobiográficos, de Reencarnación (Birth, Jonathan Glazer, 2004), la historia de un niño de 10 años que, por el más terrorífico de los misterios, parece acordarse de todo lo que un hombre (Sean) y su mujer (Anna) han vivido. “Si perdiera a mi mujer y al día siguiente un pájaro se posara en mi ventana, me mirara fijamente y dijera: ‘Sean, soy Anna, he vuelto’, yo le creería y viviría con él”.  Es la primera frase de la película, extrañamente poética y premonitoria, pronunciada por el personaje de Sean, al que nunca veremos después de su muerte en la majestuosa secuencia de inicio.

En el 2011, Carrière publica Para matar el recuerdo. Memorias españolas, un libro sobre la idiosincrasia de la sociedad española. Al contrario que en Francia, en donde se sitúa la razón y la claridad por encima de todo, en España predomina lo irracional, la oscuridad y el despropósito. Se trata de una relación distinta con la realidad y el mundo. El dispositivo narrativo utilizado por Carrière es el siguiente: muestra los clichés, los aísla y los analiza para ver qué es lo que se esconde detrás de ellos. Lo que hay en nosotros, en definitiva, de oscuro, profundo e inextricable.

Por último, en el documental Carrière, 250 metros (Juan Carlos Rulfo, 2011), una incursión en su vida a través de los siete países en los que ha vivido, escribe varias cartas a sus hijos sobre su experiencia en estos países, y su forma de ver el cine y la vida.

250 metros es la distancia que separa su casa de Colombières-sur-Orb del cementerio…

El día de la marmota

No sé si se trata de mi película preferida, pero si no lo es, andará muy cerca. Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, Harold Ramis, 1993) es una de esas que cuando la ves no deseas ver ninguna otra. Puedes haberla visto 30 veces, no importa; te sigues divirtiendo con Phil Connors (Bill Murray), el cínico presentador de TV que se queda atrapado un 2 de febrero en el pueblo de Punxsutawney donde una marmota (de nombre Phil) predice la duración del invierno.

Descubrí esta película un poco tarde, como 3 o 4 años después de su estreno en los cines, y se lo debo al cantautor Borja Dolara. Tenía a Bill Murray como uno de mis actores favoritos, sobre todo, después de Los fantasmas atacan al jefe (de Richard Donner, 1988), Pelotón Chiflado (Ivan Reitman, 1981) y, por supuesto, Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984). Con Atrapado en el tiempo, se cierra el círculo de “películas de Bill Murray imprescindibles de Navidad”. Después ha brillado con Lost in translation (impagable la cara a lo Benny Hill cuando se encuentra en la sauna del hotel y los dos tíos que están a su lado tienen una conversación en alemán) de Sofia Coppola (2003) o con Broken Flowers de Jim Jarmusch (2005).

Me encanta la secuencia en que Phil Connors se lamenta de no poder repetir el día que conoció a una chica en las Islas Vírgenes e hicieron el amor hasta el amanecer como nutrias marinas. Poco después, Phil pregunta a sus compañeros de birras: “¿Qué haríais vosotros si estuvieses atrapados en lugar, y fuera el mismo día, una y otra vez, una y otra vez?”, a lo que uno de ellos responde: “es el resumen de mi vida”. Dice Fernando Trueba en su Diccionario de Cine que el mismísimo Preston Sturges hubiera firmado Atrapado en el tiempo. Yo creo que también la hubieran firmado un John Ford o un Howard Hawks por secuencias como esta:

Por cierto, para este año la predicción de la marmota Punxsutawney Phil indica que el invierno terminará pronto. Puede que el invierno termine pronto, pero aquí en Bilbao, el cielo seguirá nublado. Eso no cambia.