160 metros, mejor documental en el Dock of the Bay

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Nuestro largometraje documental 160 metros: una historia del rock en Bizkaia ha resultado ganador del premio al Mejor Documental en el Festival de Cine Documental Dock of the Bay este pasado domingo en Donostia, premio “ex aequo” junto a One Minute for Conductors de Elena Goatelli y Ángel Esteban.

El jurado destacó la capacidad de ambos documentales “para transmitir la historia que se habían planteado y lo han hecho de una manera especial, cada una en su ámbito”. Somos pues los sucesores en el palmarés, de este prestigioso festival de documentales musicales, de Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul) vencedor en la pasada edición. Ahí dejo eso.

El viernes 160 metros… se proyectó en los cines Trueba del barrio de Gros contando con un gran asistencia de público (a pesar de que coincidía con un concierto en Intxaurrondo) y con un jugoso debate posterior moderado por Rodri, periodista y miembro del comité de selección, que posteriormente en la fiesta celebrada en la sala Bukowski me reconoció que 160 metros… era uno de los documentales que más le habían gustado, sobre todo, por la parte en la que cruzamos el puente Bizkaia, pasando de la margen izquierda al Getxo Sound de la derecha; aquí está la reseña que hizo. Y además la respuesta del resto del público presente también fue fenomenal.

Ricardo Aldarondo, periodista de cultura y crítico de cine del Diario Vasco y de, entre otras, la revista de cine Dirigido por, escribió en twitter: “dejó muy buen sabor de boca en Dock of the Bay ‘160 metros: una historia del rock en Bizkaia’, curiosa de formas y que transmite veracidad.” Frases así son las que uno necesita releer en los días lluviosos y tristes.

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Tiene su gracia que un documental vizcaíno haya ganado un premio en Donostia. Además de desmontar la tópica rivalidad y los estereotipos que tenemos unos de otros, es un orgullo que en una ciudad como la capital guipuzcoana, tan vinculada al cine y a la música, con sus otros dos magníficos festivales como el Zinemaldi o el Jazzaldi, tengamos una inmejorable continuidad después de la presentación de 160 metros…, en su hábitat natural, en el Museo Guggenheim durante la pasada 55 edición del Festival de ZINEBI.

Y nosotros, claro, encantados. Después de un año desde que empezamos este proyecto con el crowdfunding, este premio supone un espaldarazo para seguir en la brecha, contando historias y tratando de vivir de ello.

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Estreno de #160 metros en el Guggenheim

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El próximo sábado 16 de noviembre, dentro de la sección Bertoko Begiradak del Zinebi 55, presentaremos el documental 160 metros, una historia del rock en Bizkaia en el auditorio del Museo Guggenheim. Han sido bastantes meses, casi un año, desde que empezamos con el crowdfunding, el rodaje, la edición y la presentación de los 3 primeros capítulos. Y al final, llegamos aquí, a la presentación del documental entero, con los capítulos 4 y 5, inéditos hasta ahora. Ni qué decir tiene que presentarlo en el auditorio del Guggenheim es un privilegio enorme. El año pasado pudimos presentar La Otxoa, sin complejos en el mismo lugar y en el mismo festival, y fue un inmenso placer.

Después de los estrenos de los capítulos (23 de mayo en la sala Bilborock, 17 de julio en el Evidence Café-Teatro y 26 de septiembre en el Kafe Antzokia), parece que a uno le queda muy poco nuevo qué decir, que no sea sobre los nuevos capítulos que cierran el documental y que se podrán disfrutar en primicia en el Guggenheim…

Me gustaría agradecer desde aquí a todos los que participaron en el crowdfunding (ya sea a través de sus aportaciones económicas, como en la cesión de archivos o simplemente apoyándonos y siguiéndonos en redes sociales), a todos los participantes (entrevistados, consultados, amigos y familiares) y a las instituciones que nos han apoyado (EITB, Euskaltel, Diputación de Bizkaia, Gobierno Vasco, los Ayuntamientos de Barakaldo, Bilbao, Getxo, Portugalete y Santurtzi, el Zinebi, etc)

Es el final de la producción y la postproducción, pero es también el comienzo de la vida del documental en festivales, y además el proyecto quedará plasmado con contenidos ampliados en http://www.160metros.com -entrevistas completas, material de archivo restaurado, audios, fotos y recortes de prensa-, así como eventos presenciales ligados al proyecto, desde conciertos a charlas debate. En breves los 5 capítulos que componen el documental estarán disponibles libremente en el docuweb.

Después de la proyección habrá un concierto en la sala BBK, a partir de las 22:00, en el que participarán componentes de grupos que han intervenido en el documental, ya sean de la margen izquierda o de la margen derecha: Los Clavos, Parabellum, Cujo o Distorsión…

El Guggenheim realiza un sorteo para conseguir invitaciones. Aquí está el enlace al concurso: https://www.facebook.com/guggenheimbilbaomuseo?sk=app_79458893817

El regreso de los Blues Explosion

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Dicen quienes lo vivieron que el primer gran concierto de la sala Kafe Antzokia, el día en que esta realmente se inauguró, fue un 13 de abril de 1997; fecha en la que compartieron cartel la (hoy desaparecida) banda de Detroit Demollition Doll Rods y la neoyorquina Jon Spencer Blues Explosion (en la foto, en la prueba de sonido).

El Antzoki, que entonces apenas llevaba un año y algo en funcionamiento, se convertiría poco después en la sala de referencia donde iban a actuar los mejores grupos independientes internacionales y nacionales.

Apenas 6 meses antes de la inauguración del Museo Guggenheim, el trío de punk y blues americano compuesto por Jon Spencer, Judah Bauer y Russell Simins ponía fin simbólicamente a aquel gris y viejo Bilbao de los 80 y principios de los 90, al que quizá se tenga demasiado idealizado.

Este pasado sábado de Carnaval (de nuevo una señal o una excusa más para unirse a la fiesta), Jon Spencer y los suyos (que son dos guitarras y un batería), volvieron al mismo escenario bilbaíno para presentar su último disco, Meat+Bone (2012), 16 años después, y ofrecernos un repertorio ininterrumpido de casi una hora antes del bis y antes de que Jon Spencer se fuera literalmente “de baretas” (bajó del escenario y llegó hasta la barra de la entrada). Abrieron la noche los barceloneses Tokyo Sex Destruction cuya denominación hacía presagiar la intensidad de los Explosion.

En efecto, los neoyorquinos, con un sonido que va del blues de los Cream hasta el punk de los Sex Pistols, y con una actitud comprometida y salvaje que llevan exhibiendo desde hace más de 20 años, se metieron en el bolsillo al público que abarrotaba el antiguo cine San Vicente y que colgó, como en las mejores ocasiones, el cartel de “Sarrerak agortuta daude” (no hay entradas).

Era la primera vez que yo los veía en directo, después de haber asistido al concierto de Heavy Trash (trío rockabilly que lideró Spencer entre 2006-2009) y haber oído por primera vez las batallas de aquella primera vez, aquel concierto de abril de 1997. Un año que fue, en definitiva, importante y simbólico para el Bilbao que conocemos hoy en día.

Oteiza y el Centro Cultural de la Alhóndiga de Bilbao

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Hace ahora casi tres años, en los inicios de este blog, escribí un texto conjeturando sobre el Bilbao en el que viviríamos hoy en día de haber salido adelante el malogrado proyecto de la Alhóndiga de Bilbao, también conocido popularmente por El cubo de la Alhóndiga (en la foto de abajo, la maqueta del mismo), proyecto del que mi padre, Jose María Gorordo, entonces alcalde de la Villa (lo fue desde 1987 hasta 1990), fue su principal impulsor.

En 1988 presentó el Centro Cultural para la Villa de Bilbao en la Alhóndiga (CCAB), un proyecto que pretendía reutilizar los espacios de la antigua Alhóndiga y el solar del antiguo colegio Santiago Apóstol, para convertirlos en una “factoría de arte”, y cuyas pretensiones se posicionaban del lado de una “cultura participativa” frente a una “cultura espectáculo”. El entonces alcalde solicitó al escultor Jorge Oteiza su colaboración para el desarrollo de este proyecto, quien formó, junto a los arquitectos Juan Daniel Fullaondo y Fco. Javier Sáenz de Oiza, un equipo de colaboración entre el arte y la arquitectura que proyectaría el complejo edificio y su contenido.

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El proyecto no estuvo exento de polémica y quien quiera tener la versión de todo aquello de mi padre está su libro La política de otra manera (1993), en el que ahonda en las cuestiones políticas que hicieron, no solo que no fructificase el proyecto, sino que presentara su dimisión como alcalde de Bilbao en diciembre de 1990.

Por otro lado, en fechas recientes, Iskandar Rementería (en la foto de abajo), que además de músico e integrante del grupo de rock Split77 es también doctor en Bellas Artes por la UPV/EHU, presentó su tesis doctoral Proyecto no concluido para la Alhóndiga de Bilbao. La estética objetiva de Jorge Oteiza como método de investigación, cuyo propósito en palabras de su autor, “es recuperar el proyecto como mecanismo para reflexionar sobre el modelo de colaboración entre el arte y las instituciones que construyen nuestra ciudad, cuestionando el hecho de que el modelo desarrollado hasta ahora en Bilbao suponga el único posible, o si, por el contrario, existen otras alternativas cuya verdadera finalidad esté más orientada al ciudadano y no tanto al marketing de ciudades”.

El proyecto en el que colaboró Oteiza “marca un punto de inflexión en la historia reciente de la ciudad, porque coincide con un momento en el que está sumida en el final del proceso de desindustrialización, y se comienza a ver que la cultura, el arte, etc., pueden suponer un motor de reactivación económica”, según Rementería.

Además, paralelamente a esta investigación, Iskandar Rementería también realizó el audiovisual Oteiza y el Centro Cultural Alhóndiga. Proyecto estético para Bilbao que fue presentado en el festival Zinebi 50.

El proyecto consiguió concitar los intereses de otras instituciones públicas para centralizar en el CCAB; la Biblioteca Foral, el Conservatorio de Música y el Museo Vasco de Arte Contemporáneo (que finalmente llegaría como Museo Guggenheim). Es decir, la prueba evidente de que el Museo Guggenheim no surgió de la nada. Idea que también se desarrolla en el ensayo del antropólogo vasco Joseba Zulaika Crónica de una seducción: El Museo Guggenheim de Bilbao (1997).

Por Proyecto no concluido para la Alhóndiga de Bilbao. La estética objetiva de Jorge Oteiza como método de investigación (tesis que será publicada próximamente) Iskandar Rementeria obtuvo el doctorado cum laude en la facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU. Un trabajo que estudia y recorre los impulsos y porqués de Oteiza a la hora de trazar su proyecto, una “fábrica de arte”, como su visión pedagógica del mismo, en un intento de ver el arte como vía hacia una ciudadanía crítica y libre.

Preocupaciones estas, del escultor de Orio, que siguen teniendo vigencia hoy en día.

Sobre la marca Bilbao

Álvaro Fierro, además de ser periodista musical, y de co-escribir y co-dirigir conmigo 160 metros, una historia del rock en Bizkaia,  también está detrás de un proyecto de lo más interesante: su tesis doctoral «Métodos Cuantitativos Para El Análisis De La Reputación Online: Las Ciudades Como Marca», que nos la explica en su tercera colaboración en Bilbao Me Mata:

¿Se puede estimar el tiempo que va a tardar la gente en cambiar la percepción de un lugar? ¿Existe el Cultural Heritage Change (CHC)? La marca Bilbao como ejemplo.

Por Álvaro Fierro, alvaro.fierro@brand-mathematics.com.

Hace aproximadamente cinco años, mientras realizaba mi tesina de máster, preludio de a su vez mi tesis doctoral «Métodos Cuantitativos Para El Análisis De La Reputación Online: Las Ciudades Como Marca», empecé a leer revisión bibliográfica sobre imagen de marca de ciudades, place branding, destination brand o city marketing. En casi todos los artículos, algunos fechados en los años setenta, el común denominador era que la marca o las percepciones que se tienen de un lugar (municipio, región, ciudad, país, nación, etc.) eran tratadas desde un punto de vista conceptual y, por supuesto, cualitativo. Las múltiples definiciones, siempre acuñadas por autores anglosajones, sintetizaban el comportamiento del turista -consumidor a la hora de elegir un destino vacacional basándose en analizar el imaginario colectivo desde una perspectiva sociológica y antropológica, soslayando la condición económica del topic. A partir de ahí, tanto mi directora de tesis doctoral Beatriz Plaza como el autor de este artículo, unidos al experto en ciencia cuantitativa y compañero en la empresa Sergio Sánchez Herrero, vimos que se podían plantear modelos econométricos para orientar numéricamente esta percepción: inocularle un carácter cuantitativo a algo tan subjetivo como son las opiniones y calcular predicciones sobre la marca Bilbao (o cualquier otra) a corto, medio y largo plazo.

Sabemos qué una marca existe cuando una cantidad suficientemente grande del target la percibe de la misma manera, y que esto depende de las asociaciones que automáticamente hagamos de dicha marca. Por eso, un producto made in Germany nos da más seguridad que un made in Bangladesh; por eso París es la ciudad del amor y Andalucia está indefectiblemente unido al flamenco. Pero, ¿qué pasaba con Bilbao antes de la instauración del museo Guggenheim? Mejor dicho, ¿qué sucede actualmente en lo que respecta al cambio de opinión que tiene el foráneo y el propio ciudadano? Ya no metemos Bilbao dentro del saco de adjetivos grises. La impresión generalizada ha variado. Y a mejor.

Hace quince años, ni los gestores de política económica más optimistas estimaban el efecto tractor que este flagship bulding iba a reportar a Vizcaya y el País Vasco en general. En octubre de 1997, con un economista a los mandos, pocos creyeron que el arte vanguardista iba a convertirse el eje económico de una ciudad post fordista, y menos que a partir de ahí, la fertilización cruzada de esta tracción llegara a darle una vuelta de 180 grados al llamado botxo. Un moderno tranvía surcando la ciudad de una punta a otra, el dinamismo de un lujoso Palacio de Artes y Congresos antaño un astillero o la proliferación institucional de industrias creativas son la materialización de este efecto colateral al rebufo de la pinacoteca. Así pues, utilizando lo que en ciencias cuantitativas se denominan variables proxys, analizamos la web 2.0 de cara a buscar una serie temporal de opiniones sobre los distintos ítems que conforman la marca Bilbao (Guggenheim, por supuesto, pero también Teatro Arriaga, Plaza de Toros, Casco Viejo, Gastronomía, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria o algunos con carácter negativo como Violencia) y estudiar así los cambios de tendencias estructurales que se han venido dando desde hace unos años a esta parte. Y es que vivimos no ya en el world of mouth, sino en el world of mouse. Entendemos que cuanto más “ruido” exista en la web sobre un elemento cualquiera, más importante es, tanto en lo bueno como en lo malo. O lo que es lo mismo, que haya mucha información web sobre Siria en estos momentos no quiere decir que esta sea positiva.

Por tanto, lo que se trata es de analizar día a día la neutralidad, negatividad o el deje positivo de los comentarios de la gente desde que desde que el e-tourism empezara a cobrar fuerza y los servicios de banda ancha crecieran en calidad de megas.

Las predicciones econométricas no daba lugar a dudas: a medio plazo, siempre sin tener en cuenta los shocks exógenos que puedan surgir y su previsión sea imposible de computar, a no ser que la astrología o el esoterismo sean consideradas ciencia, se puede concluir que el CHC de Bilbao es de tendencia positiva y creciente. Posteriormente, con técnicas estadísticas reducimos la multidimensionalidad de la muestra y llegamos a afirmar la fuerte y positiva correlación que existe entre noticias genéricas sobre Bilbao e incremento de turistas, o que un aumento de comentarios sobre el Athletic de Bilbao es más importante que las citas sobre el propio museo franquicia en pos de atraer más gente a la villa.

El CHC por tanto, permite baremar modelos matemáticos de simulación diferentes para, a la hora de plantear políticas públicas urbanas con objeto de polarizar gente, capital humano, crecer en exportaciones o gozar de mayores inversiones estimamdo el tiempo que la gente va a tardar en asociar una marca con lo que se está buscando. Lo que, obvia decir, no surge efecto de la noche a la mañana. Ni de un año para otro. Pero la apuesta va a ser más segura.

Diario de un festival: El último hombre

Desde hoy, hasta el viernes 23 de noviembre, voy a tratar de escribir un post diario pues comienza el Festival Zinebi que, además de presentar un cartel y unos invitados de lo mejorcito de los últimos años (Carlos Saura, Pedro Olea, Jean-Claude Carrière o Patrice Chereau), también será la cita en la que por fin se estrene mi segundo documental como guionista y director, La Otxoa, sin complejos (el jueves 22 de noviembre a las 20:00 en el Museo Guggenheim) y asimismo se presentará en la sección informativa un cortometraje, El último hombre (de Alain Garibi), del que soy productor, este domingo 18 de noviembre a partir de las 22:30, en los Cines Golem de AlhóndigaBilbao.

Por lo tanto, por un lado, mucho evento y compromiso pero, por otro lado, muchas ganas también de vivir a tope y de disfrutar de estos 9 días que igual no se vuelven a repetir.

El último hombre es la historia de Frank, un hombre que lleva un tiempo encerrado en su morada. Aislado del mundo, ha construído una fortaleza a su alrededor que, hasta el momento, le ha permitido resguardarse de los peligros provinientes del glacial exterior. Se trata de una adaptación libre del cuento La Madriguera de Franz Kafka.

El corto, de muy bajo presupuesto, nace del ímpetu de gente como Mapi Plou (directora de arte), Félix Guede o Jaime Azpiazu (directores de fotografía) en crear pequeñas historias, sin tener que esperar las (cada vez menos frecuentes) subvenciones. Fue seleccionado en el pasado FANT2012 y formó parte también del mercado Shortlatino del Festival Alcine2012.

Además de ser una carta de presentación de Alain Garibi, que muestra sus credenciales como director de relatos insólitos, raros, pero que no dejan indiferente a nadie, El último hombre se centra en la interpretación (para mi, magistral) de Juan Viadas (en la foto de arriba).

El otro día Alain y yo fuimos a probar el DCP a los cines Golem. El DCP (Digital Cinema Package) es un formato de proyección que es el equivalente digital a la proyección analógica en 35 mm. Nos quedamos impresionados con la calidad de la imagen y también del sonido con la música original de Joseba Gardeazabal y el gran trabajo de mezcla de sonido, de Xanti Salvador.

La sesión (domingo 18 de noviembre a las 22:30) está compuesta por otros 5 cortos vascos. Ya he visto uno (la pieza experimental IIII de Zuriñe Goikoetxea e Ieltxu Armendáriz) y tengo ganas de descrubir, entre otros, Al otro lado, de Neftalí Vela, que obtuvo una mención del jurado en el pasado Festival PNR (Plataforma de Nuevos Realizadores) de Madrid.

Recuerdo una anécdota divertida del rodaje de El último hombre. Se estaba preparando Juan Viadas en la sala de Maquillaje y estaba ya metido en el papel de personaje, se notaba su gran trabajo en la composición de Frank. Al igual que él, Juan parecía que llevara mucho tiempo en una guarida porque nos decía (a Onintze Abando, a Idoia Aizpiri, de vestuario y maquillaje respectivamente, y a mí) cosas como “aprovechad el momento, vivid la vida plenamente porque después ya será tarde”, etc.

Pues eso, a partir de hoy a aprovechar el momento y a disfrutar de estos 9 días… Comme il faut !

(Exterior de la casa de Víctor Cabaco en la que rodamos El último hombre. De izquierda a derecha, Javier Arriaga (ayudante de dirección), Javier García O’Brien (ayudante de producción y de cámara), Mapi y Alain).

Matxi Glass Design, trabajo de artesanos

Quedarse en Semana Santa en Bilbao tiene su aquel. Y no me refiero solo a Los Pasos que irrumpen en la noche al son de tambores como imponentes batallones de guerra.

Este año se ha organizado la Primera Feria de Artesanía en Semana Santa y ha sido un gran éxito. Tanto de turistas como de gente de aquí. Al quedarme cuidando la ciudad, como se suele decir, me pasé el pasado sábado por el Arenal, unas horas antes del derbi, por donde se situaron las carpas que dieron cobijo a la Feria.

En uno de los stands, estaba Matxi Glass Design, la definición perfecta de lo que significa la artesanía, ya que la elaboración de sus joyas requiere un lento y laborioso proceso, artesano. La materia prima, el vidrio, es traído de EEUU. Este puede ser opaco y transparente (Bullseye) o dicroico (CBS) que se hace decantando metales sobre el vidrio a atmosfera cero, sin oxigeno. Esto hace que según cómo le de la luz el color del vidrio cambie. Por ejemplo, el morado se puede ver azul. Naranja/dorado. Verde/azul, etc.

Antes de convertirse en diseños de collares y joyas para su venta al público, el vidrio ha de ser cortado en capas con especial cuidado en el corte y luego se montan las distintas capas añadiéndoles un tratamiento para que brillen más. Posteriormente se hornean durante 36 horas llegando a alcanzar los 850º y se sacan cuando esta a temperatura ambiente, y se lavan y se secan de nuevo. Finalmente se monta la plata (todos los diseños se engarzan en plata) y después de pasar durante dos horas por el horno, ya pueden embalarse.

Tienen una línea más informal, casual, cuyos precios varían entre 30-95 €, y otra de selected jewelery o alta joyería (en la foto de abajo) que son piezas que van desde los 90€ de los anillos a los 700€ de los collares aproximadamente. Han Hecho colecciones exclusivas para el Athletic,  Euskaltel o Metro Bilbao y el punto de venta más significativo es el Museo Guggenheim.

Matxi Glass Design es la demostración de que, aún hoy, a pesar de la revolución tecnológica en todos los ámbitos, siguen existiendo lugares para la rebeldía; lugares en los que el diseño manual y creativo, llega a los altares del Arte.

Juan Carlos Eguillor, el Bilbao de antaño

Ayer murió en Madrid Juan Carlos Eguillor, artista e ilustrador gráfico bilbaíno, a la edad de 63 años. He oído hablar bastante de él, sobre todo a gente tan dispar como Paúl Pérez de Palomar de la productora IDEM, La Otxoa, el guionista Jorge Guerricaechevarría o mi padre, pero no le he conocido nunca, ni soy un gran experto de su trabajo. A decir verdad, empecé a conocerlo a raíz de un malentendido con “Bilbao Me Mata” y el videoarte de “Bilbao la Muerte“. Aquel malentendido quedó finalmente aclarado y gracias a él, o por su culpa, tuve más conocimiento de la obra de Juan Carlos Eguillor.

A él le debemos también el cartel de aquella primera Aste Nagusia de 1978. Fíjense en el mismo, y compárenlo con cualquiera de los carteles de los últimos años de fiestas. Hay quien asegura que hoy en día Bilbao es una ciudad moderna, pero si comparamos el cartel de 1978 con el del año pasado, no sé, qué quieren que les diga, es una modernidad que a mí no me vale nada, no me dice nada en absoluto. En cambio el cartel de Eguillor, de hace más de 32 años, no envejece:

Decía Eguillor en alguna de sus últimas entrevistas que sentía nostalgia por el encanto sucio del Bilbao de antaño. La ría estaría muy sucia, habría mucha contaminación, no habría apenas parques ni zonas peatonales, pero la villa tenía más vida. Más de una vez he defendido en este blog, esa mirada melancólica hacia el Bilbao en el que crecí. La ensoñación que produce aquel Bilbao me atrae y me tiene bastante atrapado.

Sin embargo, por edad, aquella época me queda bastante lejos ya que entonces tan solo tenía 10 años y no pude, en absoluto, vivir aquella supuesta efervescencia artística, ciudadana y cultural de Bilbao que sí que vivió el propio Eguillor.

Para la gente de mi generación creo que lo mejor está por llegar, y que ahora estamos mejor que antes. Además, a partir de la construcción del Museo Guggenheim el número de turistas que nos visitan ha crecido exponencialmente y eso es de agradecer; porque ha traído riqueza y trabajo a nuestra tierra, y porque ahora cuando salimos fuera, cada vez más gente sabe dónde está Bilbao. Y eso, se mire por donde se mire, está bien.

PERO, eso sí, no puedo admitir que, cuando en fechas recientes se inauguró el Pachá Lounge Bilbao, el responsable de turismo de la diputación dijera que gracias al Pachá, Bilbao se convertiría en una ciudad más moderna… En fín, eso tampoco, ¿no creen?

Un profeta

Dentro del marco de Pre-Zinebi, La Asociación de Guionistas Vascos (la AGV, de la que formo parte desde hace algunos meses) y el propio Festival Zinebi han organizado una proyección de la película Un profeta (en VO subtitulada en castellano), dirigida por el cineasta francés Jacques Audiard, el próximo miércoles 10 de noviembre a las 19h45 en el Hall del Mercado del Ensanche (en la Plaza del mismo nombre) de Bilbao. Después de la proyección, tendrá lugar un coloquio en el que participará el vasco-francés Thomas Bidegain, guionista de la película.

Es un honor para nuestra ciudad que venga gente como Bidegain o como John Sayles (guionista y director norteamericano que ya viniera el pasado 27 de septiembre también invitado por la AGV), ya que a parte del prestigio de contar con la presencia de estos dos grandes cineastas de talla internacional también es una oportunidad para la promoción de Bilbao como lugar de rodaje. Quién sabe si en sus próximos trabajos estos autores no van a situar la acción de sus historias en la pasarela de Arrupe, en el nuevo Zorrozaurre o bajo las torres de Isozaki. Basta con que recordemos el impacto global que supuso el rodaje de James Bond cerca del Museo Guggenheim.

(En la foto de abajo, de izquierda a derecha, Eguzkiñe Aranzibia, secretaria de la AGV, Asier Guerricaechebarria, John Sayles y el autor de este blog).

La proyección de Un profeta es gratuita, así que aconsejo a todo aquel que no la haya visto y que esté libre ese día, que vaya a verla. La ví en París el día de su estreno y fue el pistoletazo de salida de un gran éxito de crítica y público, no sólo en Francia y en Europa sino también en el siempre difícil mercado de los Estados Unidos. Además de los numerosísimos premios cosechados en el Festival de Cannes de 2009 o los 9 Cesars (dos de estos premios – los Goya franceses- fueron a parar a Tahar Rahim como mejor actor y mejor actor revelación), la interpretación majestuosa de Niels Arestrup (una especie de Long John Silver corso) y la propia de Rahim (Jim Hawkinks versión magrebí), la esplendorosa realización y el ambiente carcelario hacen de esta sensacional película de aventuras, una obra maestra en toda regla. No se la pierdan.

Por último, aquí les dejo la secuencia bilbaina de El mundo nunca es suficiente (Michael Apted, 1999) en cuyo final James Bond aparece cruzando el puente La Salve y dirigiéndose hacia… ¿ciudad jardín?: